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MIU conmemora el “Día de la Rebeldía Nacional”

MIU conmemora el “Día de la Rebeldía Nacional”

El Movimiento Izquierda Unida (MIU) conmemoró el día de la Rebeldía Nacional que celebra la comunidad cubana como sede central y los demás países del mundo. Esta conmemoración donde se recuerda el año 1953, cuando la llamada “Juventud del Centenario” del natalicio de José Martí, atacó las instalaciones de los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo.

Miguel Mejia, presidente del MIU remitó una carta a esta redaccion, la cual explica a detalle el porque se conmemora esta fecha.

 A continuación el texto integro…

 

UN 26 DE JULIO IGUAL Y DIFERENTE

Santo Domingo, R.D. Desde aquel momento heroico, que marcó el reinicio de las luchas cubanas por su libertad e independencia, cada 26 de julio es una oportuna ocasión para pasar revista al propio proceso revolucionario, trazar metas, y ubicar la política de la Revolución en el contexto de las relaciones internacionales y las luchas de los pueblos.

Cada discurso de Fidel, Raúl o del Che, desde la tribuna conmemorativa del 26 de julio, ha sido un hito en la marcha de la Revolución y una declaración de principios sobre los sucesos más palpitantes del momento. No ha habido plan, maquinación, o agresión de sus adversarios internos, externos, y sus aliados, que no haya sido analizado, fustigado y condenado aquí. No ha habido lucha de los pueblos del mundo por la soberanía, la libertad, la democracia, la paz y el desarrollo que no hayan encontrado eco en los discursos conmemorativos de esta fecha.

No es osado afirmar que quien desee acceder a la bitácora de las luchas libertarias de los pueblos del mundo, y en primer lugar, del propio pueblo cubano, ha de remitirse, obligatoriamente, a estos textos inolvidables.

62 años después, la Revolución cubana sigue en pie, de frente y con la frente alta, la marcha iniciada aquella madrugada luminosa. Ha vencido a la contrarrevolución interna y externa, a las campañas infinitas de ataques y mentiras, a las embestidas directas del imperialismo, al bloqueo genocida destinado a exterminar a su pueblo y hacerlo rendir por hambre y desesperación, a atentados contra sus líderes, guerra biológica y química, zarpazos terroristas y el acoso organizado de diez administraciones del país más poderoso de la Tierra, incluso, a la desaparición de sus aliados estratégicos encarnados en la URSS y el resto de los países socialistas europeos.

62 años después, Cuba ha demostrado al mundo, y a los pueblos que luchan, que sí se puede y que el enemigo no es invencible.

Y a la vez que el pueblo cubano, y los pueblos hermanos y solidarios del planeta, sin los cuales tampoco hubiese sido posible la sobrevivencia de la Revolución, festejan una fecha memorable, esta celebración adquiere este año un significado inédito, por los acontecimientos de los últimos meses, especialmente, por el proceso de normalización de las relaciones con Estados Unidos, iniciado el pasado 17 de diciembre.

Se trata de una etapa diferente en la marcha de la propia Revolución, condicionada por las nuevas condiciones históricas, la correlación de fuerzas del momento, los graves peligros y desafíos aque se enfrenta la Humanidad, y los rasgos de la administración norteamericana en funciones, marcada por la impronta de un presidente como Barack Obama. También por la madurez política de la propia dirección colectiva de la Revolución, una mejor comprensión de las realidades económicas y sociales del país y el mundo, la conciencia de los errores cometidos, el afán de rectificación y la llegada al escenario político nacional de una nueva generación de dirigentes, nacidos y formados en el seno de la propia Revolución.

Contrariamente a lo que expresan algunos, a ambos lados del estrecho de la Florida y en otros ámbitos de la región y el mundo, no se trata de un proceso improvisado, ni atropellado. El gobierno norteamericano ha llegado a este momento asumiendo públicamente, con la profundidad y audacia de un líder político como Barack Obama, que su política hacia Cuba ha fracasado y que ha llegado el momento de transformarla.

No es que el gobierno norteamericano haya renunciado a que en Cuba exista un gobierno cercano a su propia filosofía política y económica, y que las leyes y la Constitución del país reflejen la orientación capitalista que desean, basada en la propiedad privada, la democracia representativa y el predominio del mercado, solo que ha comprendido que esos objetivos no podrá lograrlo con su tradicional tendencia a las agresiones, el chantaje, las presiones y la injerencia.

Tampoco es que la dirección de la Revolución cubana lo ignore, o esté siendo engañada por sus tradicionales adversarios ideológicos. No podría serlo un grupo dirigente y un pueblo con alto nivel educacional y conciencia política, fogueados en un combate implacable de más de medio siglo.

Cuba ha expresado, alto y claro, con la honestidad y verticalidad que le caracteriza, que el acuerdo no implica concesiones lesivas a su renovada voluntad de seguir construyendo el socialismo, preservar las conquistas de la Revolución, y avanzar en la creación de una sociedad alternativa que rebase, en la práctica y no en la retórica, los vicios, desigualdades y defectos de la sociedad capitalista, una sociedad justa y solidaria, libre y unida donde , al decir de Carlos Marx, “el hombre no sea el lobo del hombre”.

Este 26 de julio, en consecuencia, será testigo de esta nueva etapa de una vieja confrontación, solo que en esta ocasión, por primera vez en varias décadas, bajo el signo del diálogo, la comprensión, el respeto, la no injerencia y el restablecimiento de lazos culturales, científicos, comerciales, diplomáticos y deportivos, mutuamente ventajosos, aún cuando queden en pie problemas no resueltos por ambos lados, entre ellos, el levantamiento del bloqueo y la devolución del terreno que ocupa la ilegal base de Guantánamo.

62 años después, siguen el pueblo cubano y su Revolución recorriendo la larga ruta hacia un futuro, libre, próspero, pacífico, solidario, justo y sin condicionamientos externos. Sigue en su empeño de construir la sociedad más racional, justa y creativa posible, en paz con sus vecinos, y con plena conciencia histórica y del papel que desempeña, y seguirá desempeñando, en el proceso político mundial.

Los retos son nuevos, pero la voluntad de lucha y la conciencia del pueblo revolucionario cubano se mantienen intactos, augurando nuevas victorias en los nuevos escenarios de combate. Por ello, aunque para algunos parezca ser un 26 de julio diferente, es igual, el mismo 26 combativo y victorioso.

 

El Nacional

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