Opinión

Modernidad

Modernidad

En países con las características del nuestro, el concepto de modernidad adquiere matices que constituyen una pena en tanto y en cuanto se asocia casi de manera absoluta con la posesión de bienes materiales, al margen de factores preponderantes en la determinación de los niveles de modernidad de una persona o un conglomerado.

 Lo triste de esa distorsión de prioridades radica en que contribuye a un proceso de adocenamiento de la gente que la hace infeliz por el hecho de colocarla en una lucha frenética por adquirir cosas, perdiendo la oportunidad de conocer herramientas efectivas para alcanzar la verdadera modernidad.

De esa forma, el paradigma de éxito es la cantidad de posesiones, lo cual es un mecanismo de ocultar carencias. Si tengo mucho, valgo, si carezco o hago evidentes mis carencias, no valgo nada. La paradoja radica en el hecho de que las cosas que no se poseen, como educación, cultura, salud, buena alimentación, ocio bien canalizado, son las variables que definen el desarrollo y el progreso.

Una persona puede ser moderna y desarrollada viviendo modestamente. Otra, en cambio, puede ser atrasada e incluso ignorante en medio de la opulencia. Un golpe fabuloso de suerte puede proporcionar muchos bienes a un indigente, pero eso no significa que se convierta en moderno y desarrollado.

Por desgracia, estos pueblos, por razones entendibles, prefieren la ostentación a lo  auténtico; muchas cosas para usarlas poco; mucha forma y poco fondo; mucho parecer y poco ser.

El papel de un líder natural es el de orientar a sus dirigidos hacia el camino que conduce a la esencia de las cosas. Hacerlos entender que con menos se podría hacer más y que si se distribuye de forma más equitativa, más estarán mejor, y de eso, todos saldremos beneficiados.

Estimular hacia el consumo innecesario es abrir puertas hacia la frustración social y hacia un estado de ansiedad permanente. El objetivo de vivir es ser feliz y si no se conoce la fórmula para lograrlo, lo probable es que no se alcance, sin importar lo mucho que se tenga.

Es falso que el país se haya modernizado con la prevalencia de resultados desastrosos en todas las variables que evidencian el índice de desarrollo humano de una nación. Hemos construido más edificios, puentes, elevados, túneles, pero los usuarios de tantas infraestructuras no son educados, no tienen salud, techo, no son cultos, no son felices, no son modernos de verdad.

El Nacional

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