Una de las tantas cosas buenas que tiene la democracia es que permite a algunas personas terciar en el debate público con variadas posturas. En ese sentido, desde el ajusticiamiento de Trujillo en 1961, hasta la fecha, han surgido especialistas que desde diversos escenarios se encargan de hacer estallar montantes verbales para llamar la atención.
En momentos de crisis, tales expertos lanzan sus montantes para sacar del debate los problemas. Entonces el ciudadano común se olvida momentáneamente de ellos, para seguir la ruta del montante. Esto es independiente de los reales escándalos que tapan los anteriores. Entonces la gente se olvida del montante y del escándalo precedente.
La temporada del béisbol local, junto a la de Grandes Ligas en Estados Unidos, constituyen un espectáculo delicioso para los fanáticos. Pero al mismo tiempo sirve como amortiguador político.
Cuando se creía que al interior del PRD las aguas habían vuelto a su nivel, de repente surge un montante que cuestiona la legitimidad de su Convención. La masa perredeísta, en la frontera de unas elecciones de medio término, se siente confundida y vacilante, alejándose del escenario donde se analizan y buscan fórmulas a los problemas del país, como la crisis eléctrica, la falta de empleo, el alto costo de la vida y la delincuencia.
Los medios de comunicación revelan la realidad social. Cumplen con informar, orientar y entretener. Pero los montantes impiden a lectores, radioyentes y televidentes analizar mejor su contenido.
Uno observa el panorama y, si se pone a contar los montantes, ve que los números no alcanzarían para contarlos. ¿Quién habla ya del Caso Paya? ¿Quién habla de la Reforma Constitucional, de la supuesta sobrevaluación de los proyectos hidráulicos?
El caso de Honduras es un parecido. Se debate hasta el cansancio la posibilidad del retorno al Poder del derrocado Zelaya, situación que poco a poco va apagándose hasta que estalla un montante: la intervención política de los Estados Unidos para buscar una solución de consenso, algo que debió ocurrir mucho antes.
Se acerca la Navidad, montante gigante, que embotará la mente de una inmensa mayoría. Entre trago y trago. olvidarán todos los problemas de la bolita del mundo, hasta que resurjan en febrero, con los bolsillos vacios. Se planificarán protestas, pero los especialistas lanzarán otros montantes de gran potencia para desviar la atención.
