Hace un mes y días, falleció un héroe, revestido con el perfume y la deidad de la patria: don Poncio Pou Saleta, estrella refulgente con luz propia, combatiente señero por la libertad, la soberanía, los derechos humanos, la dignidad social, templo y orgullo nacional.
Envuelto en la bandera dominicana, partió a las regiones etéreas, un amigo con quien tuve la honra de compartir, conversar, analizar temas diferentes, en los cuales el patriotismo fue entre tantas, una de las expresiones mas sentimentales que encarnó, desde sus luchas en las montañas de Constanza, Maimón y Estero Hondo, su oposición contra los vejámenes, injusticias, la subestimación del hombre, tratos crueles, torturas que sufrió con sublime valor, y que marcaron su cuerpo de bronce divino.
Este excepcional dominicano, empieza su trajinar grandioso a los 12 años de edad, luchando contra la tiranía trujillista, y forma parte activa de la expedición del glorioso Movimiento 14 de Junio, en 1959. Fue exiliado, y desde Cuba, Venezuela y otros países, llega en caravana de libertad, coraje y valentía a la República. Al final de esa jornada, estuvo entre los prisioneros, encarcelamiento cruel que sufriera junto a sus valerosos compañeros cuyos nombres se deben eternizar.
Increíblemente, muchos ciudadanos ignoran que don Poncio fue declarado Héroe Nacional, junto al extraordinario nacionalista Mayobanex Vargas, Medardo Germán, Delio Gómez Ochoa, y otros estandarte revolucionarios por la dignidad del pueblo dominicano, y frente a estos y tantos más, la nación tiene una deuda de gratitud imperecedera.
Héroe es el hombre inconmoviblemente, afirmado en sus principios, ha dicho Emerson, y este postulado se rememora en la vida de don Poncio, paladín de la República, porque él no entró héroe en las batallas que libró con decoro en pos de la nación, sino que desde ella salió vestido con el traje pundonoroso de esa heroicidad.
Sugerimos a nuestras autoridades, como los ministerios de Educación y de Cultura, y el Archivo General de la Nación, la Academia de la Historia, la Comisión de Efemérides Patrias y , el Instituto Duartiano, dar a conocer al país los nombres de nuestros héroes muertos y también los nombres de los que viven, como Mayovanex Vargas, Delio Gómez Ochoa y el general Antonio Imbert Barreras, quienes debían ser visitados por estudiantes, jóvenes, profesores, miembros de las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional, las universidades y centros educativos públicos y privados, con la seguridad hacia ellos; así como clubes deportivos y culturales.
Y las publicaciones por instituciones gubernamentales deberían llevar en los costados fotos de nuestros héroes y mártires, y los objetos nacionales, turísticos, sellos postales, láminas.
Entre tantos, merecen que se coloque al final de sus nombres el calificativo de Héroe Nacional: Evelio Hernández, Yolanda Guzmán, Hernando Ramírez, el general Héctor Lachapell Díaz, Héctor Cabral Ortega, doña Conina Reyna viuda Mainardi, el profesor Juan Bosch, José Francisco Peña Gómez y Amín Abel Hasbún.

