Opinión

Muertos y quemados

Muertos y quemados

La sensibilidad se ha perdido; eso ni se discute. Pero brutalidades como el asesinato de tres haitianos que, en una modalidad inédita en la historia del crimen,  sus cuerpos también fueron incinerados por una horda en Jimaní, llama demasiado la atención.

No se puede ser indiferente, y más, por si es necesario recordar, cuando días antes de la horripilante tragedia, en La Vega, una anciana de unos 90 años había sido violada y asesinada por unos desalmados.

Y como si se tratara de apuntalar una curva que no se puede  ignorar, está el suceso de la anciana de unos 94 años asesinada en San Carlos para ser despojada de unos pesitos.

La tragedia de los tres haitianos asesinados y quemados en Jimaní, entre ellos dos menores de edad, refleja una saña desconocida en el dócil temperamento del dominicano.

Cualquiera se asombra y se asusta frente a actos tan macabros, que no se pueden atribuir  exclusivamente a crisis de valores o a rivalidades fronterizas.

 Hay que ser un monstruo para matar a jovencitos aparentemente indefensos y luego tratar de desaparecer los cadáveres incendiándolos en un horno.

Todavía se trate de hechos aislados, los últimos asesinatos de las dos ancianas en La Vega y Santo Domingo dibujan, sin que nadie se llame a engaño, un panorama perturbador. No se teme a leyes ni hay respeto por la vida.

 No basta con capturar y traducir a la justicia los culpables si la sociedad no se sacude de las brutalidades  que la corroen, para evitar que  el salvajismo desplace a la civilización como medio de convivencia.

 Hace tiempo que la delincuencia no se conforma con el robo; también suele matar a sus víctimas.  

 Inquieta, pues, vivir en un medio donde se ha perdido la sensibilidad, se desprecia la vida y  se asesina a seres indefensos casi por mero placer o como si fueran fieras que amenazan la seguridad humana. Lo de Jimaní  es tenebroso.

El Nacional

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