POR: LILLIAM FONDEUR
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¡Qué falta de oficio!
A propósito de las declaraciones del Dr. Manuel Tejada Beato, epidemiólogo de la maternidad Nuestra Señora de la Altagracia, la mayor del país, “la tasa de embarazos en adolescentes ronda entre el 30 y 35%”. Anoche tuve un sueño. Soñé que colaboraba en un Centro de Salud para Jóvenes en edades entre 13 y 24 años. Trabajaba con profesionales de la medicina, la enfermería, la ginecología, la psicología y el trabajo social.
La atención y los servicios en el Centro Salud Joven eran gratuitos, confidenciales, y pueden acudir solo o sola, en pareja o en grupo.
Colaboraba en temas de salud sexual y reproductivas; daba información sobre los métodos anticonceptivos. Disfrutaba ver como las y los jóvenes tocaban y descubrían con las manos los diferentes métodos anticonceptivos: el anillo, los parches, las diferentes píldoras, las inyecciones, los dispositivos intrauterinos, el implante. Parecía un taller para romper mitos.
Hacía mucho hincapié en el uso del condón, por su doble protección. Les enseñábamos de manera divertida a cómo colocar y retirar el preservativo empleando dinámicas de grupos y juegos interactivos. Todas y todos debían colocarlos en un pene de molde, hasta convertirse en expertos.
En el centro ofrecíamos condones de diferentes colores, sabores, lumínicos y otros de textura irregular, algunos semejan un erizo. Las y los jóvenes jugaban con ellos; los tocan, los huelen, los saborean, se los ponen como guantes, los llenan de aire, le hacen fotos con el celular, en fin, empiezan a familiarizarse con esa goma de látex que les puede salvar la vida.
Dentro de la socialización con el preservativo, les pedí que se los pusieran como si fuese un guante, cerraran los ojos y respirarán profundo y despacio. Puse una música instrumental de Erick Satié y los invite a acariciar con su otra mano la mano que tenia el condón como guante.
Un joven gritó de forma asombrada, “¡Pero se siente, se siente!”, ¡Me habían dicho que no se siente, pero siento rico!”. Su sonrisa justificó mi persistencia.
El centro ofrecía además de la píldora de anticoncepción de emergencia, información sobre la prevención y consecuencias de las infecciones de transmisión sexual entre ellas el VIH/SIDA. La cartera de servicios médicos incluía la prueba de VIH rápida, la prueba de embarazo en sangre y la interrupción voluntaria del embarazo (IVE).
Al despertar, choque con la realidad. A pesar del embarazo en menores de edad ser una catástrofe nacional que perpetua la pobreza, el Poder Ejecutivo prefiere ocuparse de que la madre pueda poner a los hijos e hijas el apellido de quien considere que es el padre, aunque sea presunto.
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