Sin estridencia, entró en escena. Sigiloso, sereno y callado. Pocos notaron su presencia. Nadie lo vio llegar. Como tampoco nadie advirtió, en sus respectivos momentos, la presencia de Lilís, Trujillo y Balaguer. Nadie, hasta alcanzar la gloria suprema.
Destacar la presencia de su hijo en el solemne y riguroso acto de rendición de cuentas a la nación, el 27 de febrero, fue detalle con un acento humano. Siempre he considerado el asunto de la familia presidencial como un tema de primer orden. Refrescante, agradable y noticioso, en un país como el nuestro, con arraigadas creencias religiosas y encendida fe cristiana.
Tanto como eso, este detalle me permitió recrear los años 90, en particular el año 1993, cuando lo conocí candidato vicepresidencial del PLD.
Como director de Temas, lo entrevisté en su oficina de abogado. Ecuánime y maduro, resaltó su interés por la familia.
En una modesta pero acogedora oficina, atestada de libros, reservaba espacio para las fotos de sus hijos Nicole y Omar, que mostró como padre orgulloso y cariñoso. La niña, de 6 años y el niño, de 2, entonces. Había preparado, Especial para Temas, una suerte de ficha profesional y personal, señalando las edades de sus hijos y su estado civil.
Su exposición tuvo que ser contagiante para que le diéramos este titular de portada.
Leonel Fernández, en sucesión de relevo, con el que publicamos la entrevista en dos páginas interiores, con fotos tomadas en la ocasión, para las cuales posó amablemente para nuestro fotógrafo.
Meses después, el año siguiente, volví encontrarme con este Leonel ni tímido ni reservado, más bien locuaz. Esta vez en la oficina de prensa de la embajada de los Estados Unidos. Estaba acompañado de José Rafael Vargas. Vargas me lo presentó y yo tuve que recordarle que ya le conocía, haciendo referencia a la entrevista, ya publicada.
