Por: Ernesto Guerrero
(guerrerocamiloe@gmail.com)
Un 12 de febrero de 1809 nació Charles Robert Darwin; el científico que transformó nuestra manera de entender el mundo natural, con ideas muy revolucionarias para su tiempo. El y los biólogos que le antecedieron, nos ofrecieron un repaso de lo fantástico que es la diversidad de vida en nuestro planeta y sus orígenes, incluyendo nuestra propia especie.
La publicación del libro “El Origen de las Especies” pormenorizando sobre el mecanismo de selección natural, causó gran conmoción, entre las autoridades de las iglesias “Abrahámicas“ aferradas a interpretar el “Génesis” literalmente. Negando de paso que el hombre y los grandes simios tenían un ancestro común y que todas las especies estaban relacionadas.
La idea de la evolución vía una selección natural, también fue recibida en la comunidad científica con mucho escepticismo, por lo que se vio obligado a trabajar rigurosamente para presentar evidencias sobre sus teorías. Cabe destacar que su foco de atención era en como las especies cambian en el tiempo y no en cuando y como inicio la vida.
Los últimos tres Papas aceptan la validez de estos hallazgos científicos, y dan como un hecho que todos los organismos vivos en el planeta están genéticamente relacionados, lo que revela su descendencia de una forma primigenia.
Sin embargo, plantean que este proceso ha sido planeado y guiado por un hacedor inteligente, con un propósito determinado, solo conocido por él.
Sabemos que el propio creacionismo dentro de la Biblia ha resultado siempre un tema de debate entre los estudiosos eclesiásticos. Las personalidades más avanzadas han defendido la idea de que el Génesis no debe ser leído literalmente.
La imagen de que el mundo fue creado en 6 días es un símbolo más que un dato real.
El libro “Sapiens” de Yuval Noah Harari, es interesante y provocativo; narra con mucha propiedad la historia de la humanidad y de cómo este simio pretensioso, que apareció en la tierra hace tres millones de años, se hace llamar hijo de Dios, para someter y exterminar las demás especies.
En estos tiempos de epidemia, vale la pena recordar a Darwin: “Las especies que sobreviven, no siempre son las más fuertes, ni las más rápidas, ni las más inteligentes, sino aquellas que se adaptan mejor al cambio”.

