DANILO CRUZ PICHARDO
Cuando hablamos de necesidades fisiológicas, nos referimos a aquellas prácticas que realizamos y que son imprescindibles para el organismo humano, porque sin ellas sería imposible vivir.
Ingerir alimentos y líquidos, orinar, bañarse, defecar, dormir y sostener relaciones sexuales (hombre y mujer), son verdaderas necesidades fisiológicas.
Pero sobre esta última (el sexo) históricamente se han forjado tabúes que contrarían la ciencia. Desde el punto de vista cultural, moral y religioso se han creado valores que no están en consonancia con lo que es una necesidad.
Y traigo el tema a colación por la demanda de divorcio que recientemente interpuso a su esposo la señora Ingrid Betancourt, ex_ rehén de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARS), de Colombia, alegando que su marido le fue infiel con varias mujeres, incluyendo a una Mis Colombia (¡diablos, qué envidia!), durante los seis años que ella duró en cautiverio en las selvas.
La respuesta de su esposo no se ha hecho esperar y acusa a la ex candidata presidencial de Colombia de haber sostenido relaciones sexuales con varios guerrilleros de las FARC, según testimonios de antiguos compañeros rehenes.
Es lo que se llama, en nuestro lenguaje coloquial, tirarse los trapos al sol, caer en la desconsideración, a lo que nunca debieron de llegar, como forma de cuidar la reputación e imagen de ambos, sobre todo de la dama, que de paso es una figura pública, ante una hipócrita sociedad mundial, donde sobran los ejemplos de doble moral.
Y tratándose el sexo de una necesidad fisiológica es inconcebible pensar que un ser humano no demanda su práctica durante seis años de separación involuntaria de la pareja, por lo que se trata de un caso especial, que pudo merecer atención psicológica para salvar la relación, si se amaban.
No se puede descartar la posibilidad de tomar la infidelidad como simple pretexto y las reales causas de la separación sean otras. Independientemente de las razones, nunca debieron de llevar al escenario público un asunto privado y ocasionarse daños morales que a veces resultan irreparables.
Al momento de su rescate Ingrid Betancourt era una mártir. Razones humanitarias llevaron al mundo a solidarizarse con la política franco colombiana. Después de las acusaciones hechas por su esposo, habría que ver ahora qué piensan los colombianos, si partimos de los valores machistas y del enfoque moral, religioso y cultural que históricamente se le ha dado a la actividad sexual.
Mundialmente se habla de modernidad, de igualdad de géneros y otras cosas, pero al sexo se le sigue dando un tratamiento al margen de lo científico y es momento de que se revisen viejas y erradas concepciones, como forma de evitar injusticias.
Recuerdo que Bill Clinton, uno de los mejores presidentes que ha tenido Estados Unidos, fue sometido a un juicio político y estuvo a punto de ser destituido del cargo, por la simple razón de que él y una joven becaria de la Casa Blanca se enamoraron locamente y la dama le hizo el sexo oral. ¿Qué tiene eso de malo?

