La ausencia de programas que recojan las aspiraciones económicas, políticas y sociales de las grandes mayorías nacionales lleva a los partidos del sistema a recurrir al chisme, a la mentira y al lenguaje soez para engañar al pueblo.
En razón de que no tienen nada que ofrecer y cumplir, los negociantes de la política aprovechan los diferentes órganos de comunicación para lanzarse palabras hirientes, fuera de tono y que en nada edifican al pueblo. La chismografía, el cuento, la habladuría y el embuste forman parte de los medios que utilizan los grupos politiqueros para mantener las ciudadanas y ciudadanos confundidos.
Si existiera real y verdadero interés sano en llevar a la conciencia de las masas populares mensajes con contenido serio y promesas a cumplir, otra fuera la forma de como las organizaciones orientan las campañas en busca de captar seriamente la voluntad del pueblo.
Hasta ahora los ciudadanos y ciudadanas no han visto a ningún politiquero plantear lo que, partiendo de un programa confiable, se propone hacer en caso de llegar al poder. Las consignas huecas están a la orden del día y solamente sirven para engatuzar en lugar de edificar.
No hay que hacer mucho esfuerzo para inducir a las masas populares a inclinarse por la posición que pueda sustentar un negociante de la política. Lo más fácil para un charlatán es ofrecer lo que no ha de cumplir frente a los demás.
La democracia representativa que impera aquí es infuncional y excluyente y los partidos del sistema no aportan nada que pueda justificar y motivar al verdadero pueblo a confiar en ellos.
Si de algo sirven las votaciones que se realizan aquí cada cuatro años es para que se afiance la idea de que los problemas cardinales no tienen solución en manos de los que están en la acción politiquera con el único objetivo de alcanzar el poder para disfrutar de los recursos del Estado en su provecho personal.
La experiencia que acumulan las masas populares sirve para que, más temprano que tarde, la vida política del país cambie y desaparezcan del escenario los grupos que tienen un criterio puramente mercantil de lo que es la actividad política y no orientada con sentido de honradez, decencia y en busca de la solución de las dificultades económicas y sociales.
Mientras la política se oriente por la chercha y las vagabunderías de todo tipo, la parte sana del pueblo dominicano no debe prestarle atención a los pronunciamientos que hagan los negociantes de la política que lo único que buscan es escalar para luego desde las alturas olvidarse de lo que prometieron en el orden económico y social.
La desconfianza del pueblo dominicano en los políticos de negocios cada día se nota con más claridad por el descaro de cómo se comportan.

