Opinión

Nelson Rafael Guillén

Nelson Rafael Guillén

Ya me iba a acostar cuando recibí una llamada informándome que el síndico de San Cristóbal, Rafael Guillén, piensa resolver por la fuerza el impasse del mercado, con la ayuda de la policía, que no acaba de entender que está para servir y ayudar a la gente no para obedecer las órdenes de una persona que debería ser el representante de toda la ciudadanía local.

La verdad es que ya agota eso de que reformas policiales vienen y van y la policía siempre termina embistiendo al ciudadano que no se deja arrinconar por los planes de “la autoridad’, como si la “autoridad” que tiene un síndico, un presidente, un ministro, no le fuera otorgada por el pueblo que es el que paga su salario con sus impuestos.

Es difícil que alguien como Guillén entienda que en el caso del mercado lo que debería convocar es un referéndum ciudadano donde se escuchen todas las posturas, y que su rol es de mediar entre esas posiciones y ayudar a los san cris tobalenses a arribar a un consenso. Y es difícil porque lamentablemente Guillen viene de la “izquierda”, una “izquierda” inculta, que basó sus actividades en el pasado en lo que entendía era el comportamiento de un izquierdista: el machismo desatado.

Nadie le enseñó a esa izquierda lo que era el dialogo, el consenso, la mediación. Venia de pasar demasiada hambre, de ser muy apaleada, de la absoluta insignificancia social al falso reconocimiento del que comienza a salir en la prensa, a darse a conocer.

Hemos conocido a muchos Guillen, hoy metidos a empresarios, bocinas, multimillonarios. Hoy con pantalones bermudas y chancletas, tomando vino y alardeando de sus inviernos en los resorts para millonarios de Europa.

Es un baratísimo intercambio que parece advertirle a la humanidad: Ojo con el pseudo izquierdista de hoy, puede convertirse en el reaccionario de mañana y si tiene que partir brazos y matar a quien sea para imponerse lo hará.

En el gobierno actual muchos vienen de la izquierda, son la clase media baja de que hablaba Don Juan, con su cuota de voracidad por llenar, de poder por ejercer, de significancia social por obtener, en un país donde no importa cuántas concesiones le hagan a los sectores dominantes siempre serán considerados por ellos como los “chopos” de la política, los que hacen el trabajo sucio, mientras ni se enteran de los gritos, las piernas rotas, los niños con hambre; recluidos en sus protegidísimos repartos, mientras sus hijos se gastan un dineral en las discos de lujo protegidos por “chopos policías, chopos políticos y chopos guachimanes” que se mantienen a prudente distancia, cumpliendo con su deber de defender lo indefendible.

El Nacional

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