Opinión

Ni juego ni chercha

Ni juego ni chercha

Lo que ha sucedido y todavía sucede, el deterioro de la seguridad ciudadana, no debería ser abordado como una cuestión pasajera o episódica, de la que se volvería a tratar cuando se produzca un nuevo rebrote de delincuencia y criminalidad, porque puede ser que en una de sus visitas ese flagelo se quede para siempre.

De los 15 asesinatos más recientes ocho han sido perpetrados por sicarios relacionados con el narcotráfico y la mayoría de los robos, atracos y asaltos tienen conexión con el microtráfico, señal ominosa sobre la acelerada conexión entre droga y violencia.

En medio del escándalo por el asesinato del coronel Daniel Ramos Álvarez cuando investigaba un punto de drogas en Baní, se produce la renuncia del presidente de la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD), mayor general José Eugenio Matos de la Cruz, lo que indica que ese crimen y otros sucesos se han convertido en peña de malestar.

A la Policía se le atribuye eficiencia en el esclarecimiento del amplio menú de asesinatos perpetrados en las últimas semanas, pero no así en restablecer o garantizar un adecuado clima de seguridad ciudadana, porque por alguna razón se ha convertido en parte del problema.

Ministerio Público ni Justicia han podido explicar el contrasentido que significa que más del 90 por ciento de los imputados por la comisión de crímenes y delitos son reincidentes, lo que quiere decir que nunca fueron juzgados ni condenados o quizás muchos tampoco fueron sometidos por ante los tribunales.

No es fácil entender que un solo punto de drogas haya sido intervenido por la Policía y la DNCD en más de 20 ocasiones sin que al menos ese negocio criminal perdiera su liderazgo en venta de estupefacientes al detalle o que su supuesto dueño asesine a un oficial frente a su establecimiento.

A pesar de la vigencia de una muy pesada ley contra el lavado de dinero proveniente de actividades ilícitas, el dinero del narcotráfico ha penetrado en instituciones que tienen a su cargo la prevención, persecución y castigo de ese crimen, por lo que muchas veces delincuentes persiguen a delincuentes.

Es claro que la causa principal de tanta delincuencia y criminalidad ha sido, y es, el auge del narcotráfico, microtráfico, con su secuela de ilícitos penales conexos, a lo que se agrega también falencias sociales como marginalidad y exclusión. El problema es tan serio y delicado que no debería prestarse a juego de demagogia o cherchas politiqueras.

El Nacional

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