Opinión

Niñas en riesgo

Niñas en riesgo

La semana pasada contaba la historia de la niña violada por su propio padre y su niñito de cuatro meses en el regazo, pequeño engendro inocente a quien empiezan a llamar en su comunidad “el Anticristo”, lógica corporativa que minimiza las culpas adultas imputables al padre incestuoso, a la madre también víctima, pero permisiva, a la familia del violador, al vecindario, a las autoridades, al Congreso y el Poder Ejecutivo.

Se saca a la Justicia de tan villano fardo, porque tiene el proceso judicial en marcha, al hombre preso y está trabajando con la niña y el entorno.

La Fiscalía especializada y las organizaciones de mujeres, custodian el sitio enterándose de las maniobras de la familia paterna que urde la trama de cambiar al niño para alterar la prueba de ADN y liberar al monstruo de otra culpa.

Mientras pensamos en los enredos de nuestra cultura, la complejidad de acciones para desenmarañarla y los esfuerzos que esto requiere, sentimos que las autoridades administradoras del Estado, reflexionan poco, negocian el futuro de las niñas, sin percatarse y comprender la realidad que nos circunda, olvido imperdonable del pueblo.

Se prefiere creer que avanzamos y seguir el razonamiento de proteger a la familia a ultranza, sin importar el tamaño de la mugre escondida ni la aflicción de las mujeres, las niñas, los niños y las personas mayores.

Se elige escuchar, procesar y hacer lo que queremos, hasta creerlo, sin importar el sacrificio de vida y hasta de muerte que se impone, pero insistiendo en que la nuestra, es “una cultura por la vida”.

Como sociedad, estamos llegando al punto cero.

Poco conmueve que un hombre viole sexualmente a su hija y la embarace; que otro, mate a la mujer que se negó a tener sexo con él; que el padre “desesperado” mate a puñaladas a “su mujer” y a sus dos hijos, a quien violó y embarazó adolescente, suicidándose después.

La precocidad en las relaciones sexuales, el abuso sexual y las violencias asociadas, agregando el VIH/SIDA y otras enfermedades graves de transmisión sexual, coloca a las niñas, adolescentes y jóvenes dominicanas en situación de vulnerabilidad social. 

Existen estudios e investigaciones suficientes realizadas en el país ilustradoras de la situación e impacto en el sistema de salud por los altos niveles de morbilidad y mortalidad materno-infantil por procrear a edad temprana.

El reconocimiento de esta realidad es una necesidad que obliga a la Asamblea Revisora entera, a no constitucionalizar en contra de los derechos reproductivos de las dominicanas.

El Nacional

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