Opinión

No caben atenuantes

<P>No caben atenuantes</P>

Las circunstancias atenuantes no cabían en su caso. No se puede tomar subrepticiamente una lata de leche de un supermercado ni siquiera para evitar la muerte por inanición de dos hijos menores de edad. Se trata de un delito que hay que castigar, porque la ley es la ley. Había que hacérselo saber a María Elena Rodríguez y a todos los que osasen incurrir en el delito desustraer una lata leche para alimentar a sus hijos. Nadie la mandó a parir hijos que no podía mantener, aunque evitarlos también fuera otro riesgo.  Por  tratarse de un delito tan grave y horroroso que no admite atenuantes, la señora tendrá que cumplir una presentación periódica ante la Fiscalía como medida de coerción. El problema será de ella y no de un sistema tan probo y eficiente (al menos con los infelices) si no encuentra el pasaje para presentarse ante el Ministerio Público. No incumbe a la Fiscalía que tuviera que empeñar un televisor para viajar de San Juan a la Capital  para sacar dos actas de nacimiento para sus  hijas. ¿Qué empeñe lo que sea, porque si no cumple con la coerción será apresada y esposada de la misma forma en que cuando trató de sustraer la lata de leche del supermercado? Tampoco es problema de la Justicia que la sufrida madre no supiera que hace muchos años un tal Jean Valjean pasó 20 años preso por robar pan para una hermana y unos sobrinos hambrientos. Se puede robar y violar la ley para cualquier otra cosa, pero no para dar de comer a hambrientos. Es un viejo principio que por aquí se ha aplicado en múltiples ocasiones. ¿O  puede olvidarse el caso del haitiano que fue condenado en Neiba por el robo de un salami? Atenuantes pueden darse con los desfalcos millonarios, con las fortunas que no pueden justificarse, con las pensiones graciosas y las liquidaciones insultantes, pero no con robarse una latica de leche o un salami para alimentar niños hambrientos. La señora  ha debido aprender la lección.

El Nacional

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