Querer presentar el caso de las cuentas millonarias en euros y en dólares depositados en bancos extranjeros como un problema de género, resulta poco menos que ridículo. La esposa del presidente es del Comité Central del Partido de la Liberación Dominicana, aspiró a la nominación presidencial y luego aceptó la candidatura vicepresidencial.
Ella no es ama de casa ni obrera. Es dirigente del partido de gobierno. Por su condición de mujer del presidente tiene asignado cientos de millones de pesos del presupuesto de la nación. Por lo tanto está en el deber de rendir cuentas.
Milagros Ortiz Bosch, la mujer que más lejos ha llegado en la política del país, ha sido acusada de muchas cosas, incluso ha sido maltratada, pero ella sabe que no es por su condición de mujer. La transparencia siempre estuvo a la orden del día. Nadie, en toda una vida dedicada al bien común a través de la política ha podido señalarla con el índice acusador. Milagros es una reserva moral del país.
Hillary Clinton cuando fue candidata a la presidencia Estados Unidos recibió ataques de todo tipo. Igual otras mujeres como Cristina Kirchner, de Argentina, la dama de hierro de Inglaterra, Margaret Thatcher.
El problema que enfrenta la señora Margarita María Cedeño Lizardo de Fernández no es por ser mujer. Ni siquiera es por ser la esposa del presidente, de quien supongo no recibe agresiones físicas ni sicológicas, es por su condición política, es por manejar recursos públicos sin rendir cuentas, es por representar los peores intereses al igual que Leonel y Danilo.
Margarita es la negación del 4% para la educación. Ella es la representación no solo de su marido, sino de Félix Bautista, Freddy Pérez, Díaz Rúa, Luis Manuel Bonetti, Salvador Jiménez, entre otros. No es cuestión de género. La señora candidata vicepresidencial (no olviden ese detalle), está en el deber de aclarar la denuncia de que tiene millones de euros y dólares en bancos extranjeros. Y si resulta verdad la revelación del comunicador de Santiago, Marco Martínez, que pague las consecuencias.
Así de simple, así de sencillo.
Nadie la está amenazando, nadie la está agrediendo. Llorar y hacer un teatro ante las cámaras de televisión por una denuncia, no es propio de alguien que pretende, desde la segunda magistratura del Estado, enfrentar los graves problemas de una nación atribulada como la nuestra.

