Editorial

No fue «accidente»

No fue «accidente»

Las élites continentales no se recuperan aun del asombro por la victoria del izquierdista Gustavo Petro en los comicios presidenciales de Colombia, al punto que el Nobel de literatura Mario Vargas Llosa expresó deseos de que “sea un accidente enmendable y corregible”.

Quienes se colocan las manos sobre la cabeza por el triunfo de la coalición que postuló al exguerrillero, que obtuvo el 50.44 % de los sufragios  frente al 47.31 % del populista Rodolfo Hernández, parecen no percatarse del brusco cambio político que experimenta la región.

Ya antes el conservadurismo fue desplazado en Argentina con el triunfo de Alberto Fernández sobre Mauricio Macri y en Chile, una coalición de izquierda, encabezada por el bisoño Gabriel Boric, derrotó  al conservador José Antonio Kast.

Otros indicios de ese viraje electoral fue la victoria en Honduras de Xiomara Castro, del Partido Socialista de Refundación, frente al candidato Nasry Asfura, del Partido Nacional, y del economista Rodrigo Chávez, quien derrotó en Costa Rica al expresidente José María Figueres.

También puede citarse el ascenso de José Pedro Castillo Terrones a la presidencia del Perú, representante de pueblos indígenas, aunque en Ecuador, el banquero Guillermo Lasso venció por estrecho margen a Andrés Arauz, postulado por la izquierda y sectores indigenistas.

Son amplias las posibilidades de que Inacio Lula Da Silva retorne al poder en Brasil, impulsado por  su absolución  de cargos penales y por la pésima gestión que se atribuye al ultraconservador Jair  Bolsonaro.

Las razones esenciales del nuevo rumbo en América Latina deberían auscultarse  en incremento de la pobreza que agobia a la región, que alcanza un 33.7 %, lo que significa que 209 millones de personas viven aún en la miseria, además de la informalidad laboral que supera el 50 por ciento.

Lo que debería ser “un accidente enmendable y corregible” es la desigualdad e inequidad que padece Latinoamérica, cuyo índice ha aumentado desde 2019, de un 2,9 % a un 5,6 %, lo que ha disparado la tasa de pobreza extrema de un 13,1 % al 13,8 %. El problema, pues, no es Petro, es la injusticia social.

El Nacional

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