¡Qué bueno que hace tiempo que nuestro país dejó atrás los sobresaltos y la atmósfera cargada de incertidumbre que solían romper con la tranquilidad familiar y de nuestra sociedad cada cuatro años!
Por la gracia de Dios, ya los dominicanos nos hemos acostumbrado a aceptar sin resabios exagerados los resultados electorales provenientes de la Junta Central Electoral.
Hubo un tiempo en que la percepción generalizada era de que en tan respetado tribunal acontecían unos fraudes colosales, los cuales ponían en tela de juicio los avances que en término democrático se ufanaba en presentar nuestra nación.
Aquellos eran otros años, otras décadas. Ahora hablamos de respeto a la institucionalidad, de modernidad, de identificación de las debilidades para convertirlas en fortalezas verosímiles.
Ahora hablamos de profesionalización, de sistematización, de adelantos computarizados y, sobre todo, de pronunciamientos y comportamientos, tanto hacia adentro como hacia fuera, que conducen directamente hacia la implementación de mecanismos de transparencia para una auténtica credibilidad institucional.
Nadie en su sano juicio, ni organizaciones políticas ni la sociedad civil, podría poner en entredicho el papel jugado por la JCE hasta el momento.
Los supuestos conflictos que podrían conducir hacia un estado de situación crítico dentro de la institución no son tales. Posiblemente agentes provocadores desde fuera intentan presentar un cuadro de complejidades ficticias.
Obviamente que todo lo que acontezca allí dentro, y más ahora que estamos inmersos en un proceso electoral, está destinado a convertirse en centro de atención. Sin embargo, nos corresponde a nosotros, ciudadanos dominicanos, alzar nuestras voces cuando lo creamos convenientes pero jamás llegar a comprometer la imagen bien ganada que hoy día nos presenta la JCE.
Quien ganó, ganó. Ese es el juego de la democracia. Se participa en ese apetecido juego sabiendo que se puede ganar pero que también se puede perder.
Lo que en realidad preocupa es que se pretenda descalificar, a unos seis meses antes de las elecciones presidenciales, a una institución que viene marcando la diferencia.
¿Será que acaso el panorama electoral está cambiando desfavorablemente para un partido político que ya se creía triunfador?
