Opinión

No hacer magia

No hacer magia

La forma de lograr el desarrollo no consiste en magia. Hay docenas de ejemplos palpables en países tan cercanos como Brasil y Chile, y tan distantes como Irlanda y Nueva Zelanda, que nos muestran la vía efectiva y sencilla que encauza el crecimiento de las naciones.

Y tomo prestada la expresión de Lula da Silva, quien ante el vaticinio del Banco Mundial de que Brasil será la quinta potencia económica mundial para el 2016 respondió que para llegar a eso “no tenemos que hacer ninguna invención, ninguna magia». Y ciertamente no es necesario. Lula siguió las bases macroeconómicas liberales sentadas en el Gobierno de Cardoso, siguió con la privatización de las empresas estatales y ahora, para lograr la previsión del Banco Mundial, ha propuesto incentivar el consumo reduciendo impuestos y reactivando el crédito.

Chile, por su lado, es sin lugar a dudas la economía más fuerte y estable de la región, ya previéndose su entrada en el Club del Desarrollo para la próxima década, y todo sin que intervengan magos ni brujos. Para los que no lo saben, Chile es el país que más acuerdos de libre comercio tiene firmado en el mundo, pudiendo colocar sus bienes de exportación libre de aranceles a manos del 90% de la población mundial. Es por mucho la economía más liberalizada de Latinoamérica, y los resultados son más que evidentes.

Y así los ejemplos se repiten en todas partes del mundo desde Asia con Corea del Sur, Hong Kong, Singapur y China; en Europa con los países de la Europa Oriental e Irlanda, y hasta en Oceanía con Nueva Zelanda. No es magia, es simplemente liberalización económica.

Y mientras los ejemplos sobran, aquí seguimos aspirando a la magia de algún mesías que nos guíe fuera de las tinieblas. Seguimos hablando de “la destrucción de la producción nacional de los acuerdos de libre comercio”, le seguimos prendiendo velas al “Estado fuerte”, uno que otro audaz sugiere un “aumento de impuesto para equilibrar las cuentas públicas”, y en la radio se oyen los gritos en contra de “esas políticas neoliberales que nos van a llevar a la destrucción”.

Quizás la magia no sea aplicar las medidas que ya están harto conocidas para lograr el desarrollo, sino sacar de la mentalidad de un pueblo el amor por las medidas estatistas que una y otra vez han demostrado ser un rotundo fracaso, y para pruebas tenemos siete décadas que han resultado en el país que tenemos hoy… un infierno tercermundista cualquiera.

Y lo más curioso es que a nuestro país le encanta copiar cosas del extranjero, pero al parecer es más divertido copiar lo malo, y no lo efectivo. Porque así somos, como mulos directos al despeñadero.

El Nacional

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