Opinión

No más reformas fiscales

No más reformas fiscales

Ya viene sonando el río de una posible “reforma fiscal” en nuestro país como parte de lo pactado en el acuerdo Stand By firmado con el Fondo Monetario Internacional. Justo ahora, cuando nuestra economía apenas empieza a recuperarse de la fuerte sacudida a raíz de la crisis mundial, con los sectores turismo y construcción semi-paralizados, las remesas en su punto más bajo en años, cuando apenas empieza a fluir el financiamiento por parte de los bancos, vamos a abocarnos a la peligrosa aventura de aumentar los impuestos.

 Mi primera objeción a todo esto es que se venga a usar el término “reforma fiscal”. Por reforma se entiende un cambio, por cambio entendemos una reestructuración sustancial. Como dudo mucho que se vaya a cambiar algo relevante del sistema tributario, como nunca se ha hecho, llamemos a esto por lo que es, un ajuste impositivo.

 Mi segunda objeción es que a los contribuyentes nos vengan a hablar de aumento de impuestos si la alternativa más eficiente ni siquiera se ha analizado, que es la reducción de los costos del aparato estatal.

 Ministerio de la Juventud, Ministerio de la Mujer, Ministerio de Ecuación Superior, Ciencia y Tecnología, múltiples Secretarías de Estado sin cartera, la Liga Municipal Dominicana, al menos una centena de municipios y juntas municipales con sus alcaldes, vicealcaldesas y regidores, Inespre, Autoridad Portuaria Dominicana, Lotería Nacional, el IMPOSDOM, el CEA, siete direcciones de tránsito, por lo menos 22 provincias con sus senadores, diputados y gobernadores, y los subsidios, subvenciones, exoneraciones, entre muchísimos otros parásitos que se alimentan del aparato estatal, pueden ser removidos sin causar mucho estrago en las operaciones y servicios del Estado.

 Es verdaderamente preocupante la ligereza con la que se habla de aumentar los impuestos en República Dominicana, y peor aún ver que los que hacen “opinión pública” en contra elevan argumentos risibles y ridículos que hacen perder fuerza al argumento anti-impositivo.

 Económicamente hablando, crear trabas impositivas en medio de una economía que trata de revitalizarse, es un acto de locura. Es momento de incentivar la inversión y dar seguridad al emprendimiento, no penalizarlo, porque de lo contrario el pequeño impulso que se viene produciendo se va a parar en seco, y economía que no produce o invierte es economía que no tributa, y por ende empezaríamos a caer en un círculo vicioso cuanto menos muy peligroso, que podría significar un incremento del déficit fiscal que de hecho motiva esta loca idea.

Y como detesto tocar este tema. Ya lo he hecho en por lo menos nueve ocasiones anteriores,  siempre para terminar decepcionado.

No tengo la más mínima esperanza de que se haga algo para reducir el aparato del Estado o si quiera evitar que se realice esta reforma fiscal. Ineludiblemente parecemos condenados a pagar más impuestos y la vaca del Estado dominicano seguirá engordando.  

De esta forma es como hiede la “redistribución de la riqueza” que nuestros trasnochados socialistas no se cansan de repetir. ¿Hasta cuándo República Dominicana, hasta cuándo?

El Nacional

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