Debería estar terminantemente prohibido plantear la incineración de los textos integrados del Ministerio de Educación, aunque hayan costado 320 millones de pesos. El costo no debería ser consideración, ni la ausencia de datos sobre los padres de la patria, según he leído (no dispongo de los textos para analizarlos). Las carencias pueden suplirse con el maravilloso trabajo editorial de Efemérides Patrias, con las mejores biografías para estudiantes de los héroes de nuestras gestas, y con los mejores bustos de Duarte y Don Juan. Debería ser Efemérides, y no impresoras colombianas, recomendadas por consultores internacionales (este es el paraíso de los y las consultores porque los salarios y facilidades que se ofrecen aquí no existen en otros países) la que supla a Educación en estas lides, para evitar lo que ha sucedido con estos libros.
Y es que, posiblemente quien sugiere incineración no ha visitado las escuelas y escuelitas del interior del país, donde no hay un libro, y ni hablar de una biblioteca, aunque una biblioteca se puede armar con diez cajas de cartón, o madera, en cualquier rincón, para crear en el estudiantado la noción de lo que es una biblioteca.
En las escuelas que sí tienen un espacio, da pena ver lo exiguo de la producción bibliográfica, generalmente aportada por maestros y maestras de su propio pecunio, o por algún escritor o escritora que haya pasado por ahí y dejado algún ejemplar de su obra.
Un texto es un texto, aunque haya que hacer las salvedades de lugar, aunque solo sea para que el niño o niña le ponga la mano, huela la portada, lo hojee, lo subraye, lo coloque.
¿Como se hace una biblioteca?
Cuando imparto talleres de poesía para niños y niñas, después de deshacer lo que entienden por poesía, les pido que preparen sus propios libros. Les damos el papel, pero tienen que buscar sus portadas, sus granos de arroz, de maíz, su arena, sus retazos, e ilustrar sus textos.
Lo que más les emociona es ver su nombre como autor o autora en la portada. Descubren que cualquiera puede ser escritor si se lo propone, y emocionados, aprenden que un libro es mejor regalo para su mamá en el Día de las Madres que un juego de vasos.
Después les pido una caja de cartón, y la forramos, y encima del forro escriben BIBLIOTECA. Saberse dueños de una biblioteca es otra fuente de orgullo infantil, y nada cuesta.
Si el Ministerio de Cultura se preparara, como en Chile, una mochila con cien ejemplares de autores/as dominicanos y los distribuyera en las escuelas del país, ya se tendría un fondo editorial. De eso hablaremos luego.

