Todos sabemos que el gobernante Partido de la Liberación Dominicana controla los poderes públicos. Y que tiene a su favor a los denominados poderes fácticos. Hizo también un pacto con los empresarios choferiles, los auspiciadores de las últimas protestas escenificadas en el país.
Es decir, todos los resortes están atados para la aprobación de una reforma tributaria, que llevaría más pobreza y miseria a la sociedad dominicana, para tapar un déficit de 187 mil millones de pesos, cuyo origen la población ignora, porque el presidente no ha tenido la molestia de explicar sus raíces.
Ya Temístocles Montás entregó el proyecto a una comisión bicameral, constituida por senadores y diputados del oficialismo. No hay obstáculos en cargar nuevos sacrificios a la población (jamás a los funcionarios ni a la hipertrofiada nómina pública) para tapar el hoyo de Leonel.
Y las posibilidades de protestas, a simple vista, son escasas. Nadie puede imaginarse a Miguel Vargas ni a Hipólito Mejía estimulando huelgas, porque los dos se consideran Hombres de Estado, lo que equivale a ser conservador y complaciente con la cúpula de la iglesia y del empresariado.
El PLD las tiene todas a su favor (¡aparentemente!) y no tiene oposición cohesionada. Pero que dijo Castiglione: Cuando el jefe puede lo que quiere se corre el gran riesgo de que quiera lo que no debe querer. De seguro que Danilo Medina no desea un estallido social, con la agravante de que no hay quien lo controle, porque la oposición carece de liderazgo.
Todas las condiciones están dadas para el surgimiento de un nuevo liderazgo, en una población que luce desprotegida y dolida. Solo hay que reunir ciertas cualidades y asumir el valiente reto de encabezar sus legítimas luchas.

