Opinión

Nunca más

Nunca más

El ajusticiamiento del tirano Rafael Leónidas Trujillo, del que hoy se cumplen 58 años, se erige como uno de los episodios más relevantes de la historia republicana, porque marcó el fin de una tiranía sin ejemplo que subyugó al pueblo dominicano por más de tres décadas.

Durante 31 años, la vida, bienes y destino de todos los ciudadanos dependían del capricho de Trujillo y de los aparatos represivos del régimen que conculcaron literalmente hasta el derecho a respirar libremente, tanto así que la figura del dictador llegó a compararse con el mismo Dios.

Duele mucho admitir que la empresa redentora emprendida por los héroes y mártires del 30 de mayo parece diluirse entre las brumas del olvido y la indiferencia, al punto que esa trascendente efeméride no figura hoy en lugares destacados en la prensa ni en redes sociales, ni se consigna en los actos de bandera de las escuelas y colegios.

La libertad es un derecho sagrado que ha sido conculcado durante largos y recurrentes periodos de la vida nacional por regímenes despóticos, por lo que resulta imperdonable que se pretenda desalojar de la memoria histórica la firme decisión del grupo de conjurados de poner fin al largo periodo de represión y muerte.

Se admite que ha sido pesaroso el camino recorrido desde la noche del magnicidio hacia el anhelado escenario de democracia y libertad, con obstáculos tan severos como el derrocamiento del primer gobierno democrático después de la tiranía, instalación de un régimen corrupto y represivo, revuelta civil e invasión militar.

Por muchos años, las cárceles continuaron repletas de presos políticos, cientos de dominicanos exiliados o impedidos de retornar a su país y cotidianos asesinatos políticos o violaciones a derechos humanos, como si la maldición de Trujillo se prolongara por toda la eternidad.

Aunque todavía es largo y difícil el camino hacia el anhelado escenario de equidad y justicia social, los héroes del 30 de mayo desbrozaron el sendero al ajusticiar al Minotauro que se alimentaba con sangre y angustia de sus presas.

La sociedad dominicana guarda imperecedera deuda de gratitud hacia los patriotas que acometieron la tarea de poner fin a la dictadura con el ajusticiamiento del tirano, episodio histórico que ha de permanecer por siempre en la memoria nacional.

El Nacional

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