Hace unos años un familiar viajó a Granada, isla que posee un territorio de 311 kilómetros cuadrados; se encuentra al nordeste de Venezuela; fue descubierta en 1498 por España; los ingleses trataron de apoderarse de ella; los franceses se la compraron a los Caribes en 1650; fue cedida a Inglaterra en 1783; se convirtió en colonia inglesa en 1877; se logró independizar en 1974 y alcanzó notoriedad mundial cuando el socialista Maurice Bishop asumió el poder.
El socialismo de Bishop y su colaboración con Cuba, le costó la vida en 1983 y el 25 de octubre de ese mismo año, Norteamérica, acompañada de seis islitas del Caribe, invadió a Granada en una operación bautizada por el hollywoodense presidente Reagan como Operación Furia Urgente.
Mi primo se azoró cuando pudo recorrer la islita de punta a punta en un par de horas, y entendió la disparidad entre la gran victoria norteamericana contra ese eje del mal y la realidad de una diminuta isla que de momento se había convertido en gran amenaza para el país más poderoso del mundo.
Empeñado en frenar el expansionismo soviético con una Guerra de las Galaxias, Reagan también se empecinó en destruir esos imperios del mal que eran El Salvador (Pulgarcito de América); Guatemala y Nicaragua, país al cual le minó los puertos, haciendo caso omiso de la condena internacional. Lo interesante es que mientras combatía contra la dictadura socialista en esos gigantes, apoyaba a Sadam Hussein, enviando a su jefe de las fuerzas armadas Rumsfeld a venderle los mismos armamentos químicos que luego justificaron su derrocamiento, y la muerte de unos trescientos mil civiles iraquíes.
Es Reagan quien inicia los bombardeos contra Lybia, un país cuyos fondos internacionales, según denuncia internacional, hoy se reparten Europa y USA, para resolver sus crisis de capital.
El análisis sobre como Reagan aumentó el gasto militar; redujo los impuestos a los megarricos de un 70 a un 28%; aumentó el déficit presupuestario y la deuda pública; y aumentó el número de norteamericanos por debajo de la pobreza, sería materia de otros artículos.
Lo que quiero recordar es que en su autobiografía Reagan dijo haber aprendido de su madre la máxima: trata a tu vecino como te gustaría que tu vecino te tratara a ti ; Algo que no parece haber asimilado Obama, quien celebra una democratización en el Medio Oriente que no incluye a los monarcas árabes. Democratización con la que hoy amenaza a Cuba y su antidemocrático ejército, el cual impidió el derrocamiento del venerado Nelson Mandela por los africaneers. Cuba que Mandela se ha negado a condenar, por ser el único país que apoyó con su pueblo la lucha contra el racismo, de la que hoy se beneficia el presidente Barack Obama.
