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Obama y la sociedad global

Obama y la sociedad global

POR MANUEL FERMIN
Cuando Jimmy Carter ejerció la presidencia de los Estados Unidos, hizo distinguir a su país como una nación «igualitaria» con respecto a temas de interés mundial como la paz, el respeto por los derechos humanos, el desarme y la democracia.

Fue el artífice de los acuerdos de Camp David, que trajo la devolución a Egipto de los territorios ocupados por Israel. Todo ese esfuerzo bien intencionado le hizo ganador indiscutible del Premio Nobel de la Paz en el 2002.

Sin embargo, Estados Unidos tuvo una caída de su poder «identitario» con los intereses que representa: ser la «hiperpotencia más atrayente y seductora de la historia» como nos dice Josef Joffe en su libro «La Nueva República»; y otros académicos han planteado con toda lógica que: «Estados Unidos es el núcleo de las cuatro formas de globalización: económica (mayor mercado de capitales); militar (cobertura global); social (centro de la cultura popular) y medio ambiental (es la nación más contaminante del planeta”, y hasta del espacio), agrego yo.

El gobierno del demócrata Cárter se preocupó por hacer de Estados Unidos un campeón de la defensa de la humanidad, creando una ola positivista del «Imperio”, bajo un soporte comunicacional con el propio Carter a la cabeza, haciendo creíble esta política del cambio. A Carter no le resultó difícil llevar el país de un modo más eficaz que sus antecesores: Nixon y Ford.

Su gobierno no fue una reconducción del retroceso: fue todo lo contrario. Norteamérica fue un modelo, como se dice en el habla popular: «metió en cintura a los abusadores». Pero a cuáles abusadores?: a sus «amigos abusadores».

En el plano geopolítico el Estados Unidos con poder en el mundo disminuyó su influencia para combatir a sus adversarios ideológicos, mal metiéndose, dando consejos erráticos y hundiendo el prestigio del poder auténtico.

Esa misma lógica hubo de ser advertida por los republicanos conservadores que concluyeron cuán diferentes son los resultados según la forma en que se hace el cálculo. Los países que adversaban a los norteamericanos se envalentonaron porque ya no tenían «quien lo pusiera en su sitio», «quien le pusiera “límite» a sus propósitos. De aquí que en su propio “trasero”, surgieron victoriosos los sandinistas de Nicaragua; una Cuba más internacionalista y represiva a lo interior.

Fidel Castro reforzó su intervención en África (Angola desde 1975 y Etiopía 1977; dirigió los países no alineados y celebró su conferencia en La Habana (1980); los marielitos para poner en ridículo a Estados Unidos.

La peor pesadilla fue la instauración de la república islámica iraní, dirigida por el ayalollah Jomeini y quien ordenó la toma como rehenes a todo el personal de la embajada estadounidense, desacreditando aún más al bueno del “Manisero de Georgia”, como lo mofaron.

El liderazgo norteamericano fue debilitado de tal forma que hizo fácil alcanzar la presidencia al ultraconservador de Ronald Reagan quien hizo una labor de reconstrucción del legado hegemónico que él veía con la suficiente unidad de sentido para volver a Estados Unidos como un país imperial, y lo logró, puesto que hasta su archirival que era la Unión Soviética, le fueron desenmascaradas las argucias argumentativas de que era un verdadero imperio, cuando en realidad era un “imperio del mal” como lo definió el propio Reagan, dejando esta expresión impresa como un sello de su propio carácter.

¿Transitará La Unión en la gestión de Barack Obama (demócrata como Cárter) por los senderos descritos, incluso, cuando él no desea mirar con tirria a los «enemigos» de USA?.

Bueno, su llegada al poder tiene mucha similitud con Carter y podrá conducir la nación a distanciarse de su poder unipolar, pero hay que reconocer que la llegada de Obama a la Casa Blanca ha marcado el desplazamiento del énfasis de su Administración sobre los asuntos internacionales hacia los internos.

Muy distinto al proceder del apacible Carter que hizo lo contrario. Desde luego, el pasado presidente no tuvo las dificultades dramáticas que enfrenta el actual con el acelerado declive de la economía. Esto es, bancarrota de los mayores bancos, aseguradoras, la insolvencia de las inmobiliarias, de los automovilistas, ejecuciones de hipotecas, pérdidas de empleos, bajas ventas, recortes presupuestarios de ayudas sociales y educativos, y súmese a esto el país peleando tres guerras (Irak y Afganistán) y la «guerra global contra el terrorismo», no cabe duda que le obligará a trabajar con prudencia y perseverancia para sacar al país de esta adversidad.

Mientras tanto, dos de las áreas de mayores conflictos y de interés geopolítico para Estados Unidos como Oriente Medio y Afganistán, el presidente Obama ha designado dos especialistas: Richard Holbrooke para Afganistán, y Pakistán y George Mitchell a Oriente Próximo, los dos experimentados negociadores, el primero con los acuerdos de Dayton que trajo la paz a los Balcanes, y el segundo, que jugó un papel estelar en el pacto de Viernes Santo en Irlanda del Norte y que además, estuvo involucrado anteriormente en Medio Oriente redactando un informe que todavía sirve de referencia para la paz en la zona.

Visto así, todo parece indicar que el presidente Obama jugará las mismas cartas en política exterior de su antecesor compañero demócrata: una política con prioridades a pacificar zonas convulsas, pero «sacrificando países amigos» (Israel, Pakistán, Irak) y, por el contrario, países con valores e intereses distintos a los Estados Unidos, que aunque no son enemigos, pero tampoco son aliados, ganan espacios de poder no importa su retroceso democrático como es el caso de China, Corea del Norte, Rusia, Irán y un talibán fortalecido por Al Qaeda; Cuba obtendrá el final de un pretenso embargo y no pagará los bienes expropiados; Latinoamérica, fuera de agenda.

En una sociedad global hay que actuar globalmente. Ya veremos.

El Nacional

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