Opinión

Odiar es un tormento

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Quienes odian, se atormentan y se detestan a sí mismos, producto del encono, la saña, el desamor, la hostilidad que destruye la mente,  transforma la psiquis, el rostro, envejece a destiempo; porque esa melancolía, al decir del gran Gregorio Maratón, “es una larga tristeza que puede hacer al individuo  morir de pena”.

Odiar a alguien, en lugar de dialogar, razonar, aunque hay casos que jamás es sentir irritación y celos por su existencia, decía J.O.G y F de la Rochefoucauld: “cuando nuestro odio es demasiado vivo, nos coloca por debajo de lo que odiamos”.

Así, tratadistas de la conducta y pensadores sustentan que vale la pena intentar no ocupar tu vida en odiar ni tener miedo. 

A Daudet: “El odio es la furia de los débiles”. Víctor Hugo: “Cuanto más pequeño es el corazón, más odio alberga “, y el inmenso Mahatma Gandhi proclamaba que “el odio nunca es vencido por el odio sino por el amor”.

 El veneno del odio a veces absorbe al odiador,  resentido, bravucones que, como María Ramos, tiran piedras y esconden manos, olvidadizos sin pensar en el futuro, y es parte de la enorme desintegración familiar y social mundial.

Quien esto escribe, a pesar de adversidades, humillaciones, diatribas, falacias, no sabe odiar ni maldecir, porque la finalidad de la prudencia, es nunca perder los principios ni el valor, para dormir en paz, soportar con dignidad y saber esperar, porque el día llegará.

Baltasar Gracián refiere: “El saber esperar demuestra gran corazón con más amplitud de sufrimiento”. “La muleta del tiempo es más útil que el afilado palo de Hércules.  Dios no castiga con bastón sino con tiempo”. No injuries, porque mañana puedes sufrir lo mismo.

El insigne Benjamín Franklin, dijo: “Un hermano puede no ser tu amigo, pero un amigo será siempre tu hermano”.

El veneno del odio  a veces es absorbido por el odiador, porque lleva en su ego la excitación, el furor, histeria, intolerancia, carencia de voluntad, sin disminución de la orientación y la ubicación. La psicoterapia es el uso de cualquier medida legítima de tratamiento con el fin de influir favorablemente la actitud del paciente respeto de su modus vivendi y estado mental, señalando el doctor Hernán Silva, profesor chileno, la oligofrenia, el delirio, desorientación, esquizoide, y la histeria, carencia de voluntad que puede curarse con un tratamiento practicado hasta por sí mismo u orientado por facultativos, y también por su propia conciencia si no esta contaminada por el odio que muchas veces hace mentir con pasiones y los malos consejos.

No te martirices ni a tu familia con cizaña. Piensa que hoy puede ser el último día de tu vida. Cumple con el octavo mandamiento de la ley de Dios.” No dirás falsos testimonios ni mentirás”.

Quienes escupen hacia arriba, les cae la espuma en el rostro, ¡Odiar es un tormento! Amén.

El Nacional

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