El Gobierno se ha comprometido aplicar exenciones fiscales y facilidades monetarias para impulsar la construcción de viviendas de bajo costo, lo que de cumplirse ayudaría a reanimar una alicaída industria de la construcción.
Durante un encuentro ayer en el Palacio Nacional con empresarios del sector, el presidente Leonel Fernández anunció que la construcción de ese tipo de inmueble sería exonerada de pago del Impuesto a la Transferencia de Bienes Industrializados (Itebis), y del Impuesto sobre la Renta, además de fijar una tasa fija por tres años para los créditos hipotecarios.
Aunque no se precisó cuándo comenzaría el ambicioso programa de estímulo a las construcciones de viviendas económicas, las autoridades procuran que ayude a estimular la economía, la circulación de dinero y el empleo.
Constructores y promotores parecen alentados a acogerse a los estímulos fiscales y monetarios señalados por el Gobierno, aunque estaría por verse si tales beneficios serían cabalmente transferidos a adquirientes de ese tipo de unidades habitacionales, cuyo costo mayor sería de un millón 400 mil pesos.
El acceso a una vivienda modesta está hoy prácticamente vedado a familias de ingresos moderados, a causa del alto costo de esos inmuebles y de las altísimas tasas y gastos de cierre de operación que imponen los bancos comerciales e incluso asociaciones mutualistas.
Se requiere, pues, que constructores y Gobierno garanticen que los modestísimos inmuebles que se construyan al amparo del programa de exoneraciones impositivas, de verdad se oferten a precios accesibles, porque no sería justo que los beneficios anunciados sirvan sólo para incrementar rentabilidad de promotores y sector financiero.
Ojalá que ese programa de impulso a la vivienda ayude también a disminuir el pronunciado déficit habitacional que padece la nación, para lo que se requiere que Gobierno y sector de la construcción aúnen esfuerzos en la dirección de iniciar cuanto antes proyectos de construcciones masivas de casas y apartamentos de bajo costo y amplias facilidades financieras.
La idea de reactivar la industria de la construcción a través de un programa de estímulo a la vivienda económica o de bajo costo, parece novedosa, pero de nada serviría si el costo de esos inmuebles no se ajusta al maltrecho ingreso familiar o si se permite, como ha ocurrido en ocasiones anteriores, que unos pocos se alcen con el santo y la limosna.

