Oscar LASKI
afp
SAO PAULO. AFP. Los conflictos se apaciguan, los estudiantes cierran los libros, las rencillas familiares se postergan, los pueblos se unen, los gobernantes respiran: este jueves comienza el Mundial Brasil-2014, el mayor evento a escala global.
Salvo en el país anfitrión, que acumula tensiones de sectores sociales indignados por la alta factura del Mundial estimada en 11.000 millones de dólares y el temor contenido a nivel deportivo por otro Maracanzo 64 años después, que hasta podría ser un mazazo a la dignidad nacional.
Brasil rompe el fuego con Croacia con el peso de iniciar el camino hacia la sexta corona, la primera en casa, y sin opciones: lo único que vale sí o sí es levantar la Copa en Maracaná el 13 de julio.
El Arena Corinthians de Sao Paulo, símbolo de los atrasos en las obras del Mundial, albergará el jueves a unas 60.000 personas y 12 jefes de Estado en la ceremonia inaugural, mientras cientos de millones de personas en el mundo la seguirán por televisión, para quienes la vida estará dedicada casi exclusivamente al fútbol durante un mes.
Jennifer Lopez, Pitbull y Claudia Leitte y unos 660 bailarines animarán la fiesta, que después deberán completar Neymar y sus compañeros en el campo de juego, aunque el partido ante Croacia para nada puede ser anunciado como un baile.
Lejos de las celebraciones y afuera del estadio, manifestantes antiCopa tienen previsto movilizarse en esa megaurbe y otras ciudades brasileñas para volver a repudiar lo que consideran excesivos gastos del Mundial, en contraste con las deficiencias en salud y educación, en una jornada en la que cientos de millones de personas tienen posada su mirada en el gigante latinoamericano.
En cambio, en una decisión que hizo respirar de alivio a las autoridades, los trabajadores del metro de Sao Paulo, resolvieron no reanudar una huelga que por varios días paralizó un servicio que moviliza a 4,5 millones de personas diariamente.
“Llegó la hora”
“Llegó la hora y estamos todos juntos. Es nuestro Mundial”, expresó el seleccionador brasileño Luiz Felipe Scolari la víspera del juego, al reiterar su desbordante optimismo que parece haber contagiado a sus discípulos e intenta llegar a todos sus compatriotas.
Con un discurso casi calcado, Neymar, la superestrella verdeamarilla de 22 años, enfatizó: “Llegó la hora, llegó el momento que todos los brasileños, creo que el mundo, esperaba”.
Pero hay varios candidatos que se apuntan para aguarle la fiesta al anfitrión y adicionalmente quitarle a América Latina el invicto en cinco Mundiales en la región, como Alemania o España, el vigente campeón, aunque mucho peor aún si fueran otros dos combinados como Argentina y Uruguay, que podrían hasta mancillar la dignidad brasileña.
Si el argentino Lionel Messi levantara la Copa en un mes o si el festejo les tocara a los uruguayos de Luis Suárez, no habrá afrenta peor para el anfitrión.

