ERIC NÚÑEZ
Associated Press
NUEVA YORK, AP.— «The Closer», la autobiografía que Mariano Rivera acaba de publicar, es un soso libro de algo más de 250 páginas que a veces pareciera ser una colección de resúmenes de las crónicas de sus partidos con los Yanquis durante casi dos décadas con el equipo de Nueva York.
Era lo esperado del cerrador panameño que se retiró de las Grandes Ligas el año pasado con una cifra récord de 652 salvamentos. Estoico en su comportamiento, Rivera nunca se caracterizó por hacer olas y generar polémicas con sus declaraciones.
Hay algunos pasajes en los que insinúa algo más introspectivo sobre sus experiencias. En casi todas se contiene en emitir juicios severos.
Está el episodio en el que tanto él como su esposa son objeto de discriminación racial por parte de una mujer que les vendía una mansión en el suburbio neoyorquino de Westchester («No lo hizo con malicia») o como cuando su mánager Joe Torre o «Mr. T» le niega un permiso para acudir a la graduación de su hijo en medio de una gira a Colorado en 2007 («No puedo desafiar a mi mánager), un momento importante al considerar que Rivera abandonó sus estudios de secundaria en Panamá.
Una de las escasas excepciones es una velada crítica a Robinson Canó, el segunda base que se marchó de los Yanquis durante el último invierno al aceptar una oferta de 240 millones de dólares por 10 años de los Marineros de Seattle. El pecado de Canó, según el criterio de Rivera, es que juega sin la intensidad que debe ser propia de un pelotero de la élite y procede a señalar Dustin Pedroia como su intermedista predilecto.
Rivera se embarca dentro del club de gente que no le perdona a Canó que no salga embalado a la primera base tras batear rodados inofensivos, algo que se ha convertido en la vara que mide la supuesta garra de un jugador.
Ahí está el ejemplo de Bryce Harper, el prodigio de los Nacionales de Washington.
De vuelta con Canó, lo más incomprensible de la crítica de Rivera es que manifiesta más enojo con algo tan superficial mientras aborda con manos de seda las conductas deplorables de otros compañeros, que sí socavaron al equipo. Sobre Alex Rodríguez, involucrado en dos escándalos de dopaje y un rosario de polémicas, lo más que puede decir es que «son tantas las cosas sobre Alex que no logro comprender», y afirma que sigue solidario con él porque «no se abandona a un familiar porque ha cometido un error, o incluso muchos errores».

