Opinión

Oportunidad dorada con Haití

Oportunidad dorada con Haití

      Una semana después del terremoto que destruyera a Puerto Príncipe, el panorama en Haití luce tan lúgubre  como siempre lo ha sido. Sus problemas tradicionales  como  falta de seguridad,  producción deprimida,  pobreza extrema,  inseguridad,  dependencia de la beneficencia externa que era su pan nuestro de cada día antes del martes 12 de enero, se han acentuado.

Más que el hoy, me preocupa muchísimo el mañana, y no porque dude que Haití pueda levantarse  desde las cenizas, sino porque me preocupa que se levante igual a lo que era antes del 12 de enero.

República Dominicana tiene una oportunidad dorada para empezar a tomar influencia en el plano social, político y sobre todo económico, de la vecina nación. Las potencias mundiales han dejado a Haití a su suerte antes; ahora van a guardar apariencias, mañana todo volverá a lo mismo, y es tiempo que República Dominicana aproveche el espacio que nos van a dejar, y eso se logra empezando desde ahora.

Nuestra presencia directa en Haití, motorizando mucha de la ayuda que llega a ese país, debe no sólo enfocarse en repartir las migajas que apenas permiten a ese país salir de la actual coyuntura, ahora es el tiempo de crear lazos dentro del pueblo haitiano, con sus líderes comunitarios, con la clase política de base y con su juventud, hay que establecer un importante vínculo con Haití,  cuya ese actual liderazgo ha tratado de truncar una y otra vez.

Es tiempo de plantear a Haití el fomento del intercambio comercial liberalizando los  mercados en ambas direcciones. Los pocos pesos que podamos aportar para la ayuda por el terremoto, serán una suma ridícula ante el potencial del intercambio comercial de nuestras naciones.

Hoy más que nunca  Haití va a necesitar de inversión generadora de empleó y que reactive su producción, de bienes para suplir sus necesidades y la demanda de su población, todo lo que en buena parte la puede proveer República Dominicana.

Ciertamente no van a ser los empresarios de Estados Unidos o Francia, con su poca experiencia en invertir en países infuncionales, los que se van a aventurar a invertir en Haití. Pero el empresariado de República Dominicana con su experiencia en manejar gobiernos corruptos, falta de seguridad y pobre institucionalidad, está más que capacitado para motorizar la reconstrucción de Haití.

Quizás nunca encontremos un momento de mayor vulnerabilidad en Haití como este, y por ende, tampoco una mejor posibilidad de aumentar nuestra influencia directa tanto a nivel político como económico.

El problema de Haití no es de ahora, es de siempre, y en el futuro es muy probable que las cosas no cambien, a menos que, por primera vez en 166 años, 10 meses y 20 días de precaria convivencia, decidamos involucrarnos de forma activa para el beneficio mutuo, pero especialmente para el beneficio de República Dominicana que en este matrimonio disfuncional es quien más tiene que perder.

El Nacional

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