La partidocracia perredeista -sea bajo el mando de Hipólito Mejía, de Miguel Vargas o de otros- hace tiempo que como corporación corrompida y neoliberal dejó de ser oposición. Hipólito encabeza la otra cara del sistema establecido y del modelo bipartidista. La otra cara del neoliberalismo, la corrupción, el clientelismo, la dependencia y la perversión institucional.
Las bases populares de ambas opciones están instrumentalizadas, sin que todavía pese a profundas insatisfacciones latentes- se haya producido su separación de las claques enriquecidas que las manipulan.
En esas facciones partidocráticas hay grupos que compiten por intereses particulares, movidos sobre todo por el afán de lucro y las preeminencias personales. Tienen vocación de gobierno para esos fines, pero no de hacerse oposición más allá de lo formal.
El grupo de Hipólito, en lugar de confrontar al nuevo gobierno y sus sustentos, procurará utilizar fuerza electoral para desplazar a Miguel Vargas de los resortes de poder del partido blanco para repostularse o para controlar la propuesta del 2016.
Igual operará el grupo de Danilo Medina respecto al grupo de Leonel Fernández en la brega por el control del PLD.
Miguel Vargas, como antes lo hizo Hipólito, pactó con la cúpula del PLD a favor de su permanencia al frente de la matricula PRD. Y ese pacto se hará sentir.
Hipólito, durante la campaña aceptó las condiciones antidemocráticas, toleró el uso abusivo del poder y de los recursos del Estado, la actual JCE, los mecanismos tramposos y la comercialización de la política que favorecieron al PLD-Danilo. Nunca empleó el poder movilizador del PRD para revertir ese cuadro fraudulento.
Ahora aceptó, proclamando que no, esta burda negación de la democracia y del sufragio libre. Y eso tendrá su costo.
El engendro electoral tolerado es frágil, ilegitimo, espurio, con tufo a fraude, y está amenazado por la expansión de la crisis capitalista; aunque exhibe supuestos aires reformadores y nuevas expresiones de simulación, que no resistirán las primeras pruebas de la profundización del deterioro económico, político y social en marcha.
Salta a la vista que esa continuidad peledeísta quedará entrampada dentro de una crisis sin precedentes, por lo que en el marco de su ilegitimidad procede construir una real e innov adora oposición político-social de izquierda, situando en el centro de los reclamos políticos la Constituyente Popular, el Nuevo Sistema Electoral, la Soberanía Nacional y la exigencia de que se vayan todos los que han gobernado.

