Participé en la protesta De negro contra la impunidad que organizó un grupo de organizaciones populares a la que debió asistir una mayor cantidad de personas indignadas por la acción del presidente de la República de indultar a un grupo de personas condenadas por los tribunales, vulnerando la Constitución y las leyes.
En el parque La Lira debieron congregarse millones de personas, consternadas, rabiosas, furibundas, dispuestas al combate. Pero no, apenas había 200, en su mayoría jóvenes de los que, por fortuna, no están alienados culturalmente. Allí estaba la otra cara de la juventud dominicana; la cara de la juventud que está preocupada por el futuro de la Patria bien amada; la juventud que estudia, que trabaja, que piensa…
En términos de convocatoria, De negro contra la impunidad, puede ser considerado un fracaso porque no fue masivo. Pero en términos políticos y morales fue un éxito. La chispa que puede incendiar la pradera.
Se trató de una acción pacifica, ordenada, donde una expresión concreta de la sociedad pudo expresar su repudio a una acción ilegal de parte del presidente de la República, pues violó fragantemente la Constitución que en su artículo 55, en el numeral 27 dice con toda claridad, que el mandatario está facultado a conceder indulto, total o parcial, puro y simple o condicional, en los días 27 de febrero, 16 de agosto y 23 de diciembre de cada año, con arreglo a la ley.
Y es obvio que los indultos realizados por el Presidente no se hicieron con arreglo a la ley. Al contrario, se hicieron violando la Constitución y la ley, la 164, explicita en torno a cuándo y cómo puede ser indultado un ciudadano.
Pero incluso en el caso de que estuviera facultado para indultar a cualquier persona, la acción es inmoral.
¿Qué sentido tienen los tribunales y los jueces si una decisión irrevocable es revocable por el Presidente de la República?
Con su decisión de indultar a un grupo de condenados por los jueces, principalmente a la cómplice de la quiebra fraudulenta del Banco Intercontinental (Baninter), el Presidente se convierte en juez y parte. Anula de un plumazo el sistema judicial. Crea un precedente funesto. Si antes el Estado de Derecho estaba en dudas, si las garantías eran cuestionadas por gobiernos e inversionistas extranjeros, ahora no hay dudas. El Presidente de la República se ha encargado de darles la razón.
La repulsa, De negro contra la impunidad tiene razones de sobra.
Pensé que el parque La Lira le quedaría pequeño. Pero, reitero, no fue así. ¡Lamentablemente! ¿Por qué el PRD no estuvo presente? ¿Qué razones impidieron que los dirigentes de ese partido -¿opositor?- no asistieran y no convocaran a su militancia? ¿Complicidad? ¿Miedo?
¿Qué impidió que otros partidos y organizaciones populares no acudieran a la cita? ¿Complicidad? ¿Miedo?
Ni los dirigentes más connotados de la llamada izquierda revolucionaria los vi en la jornada, igual que los llamados dirigentes populares. No quiero pensar que estén de vacaciones aprovechando las navidades.
Una cosa es ser opositor desde una emisora o periódico, y otra es serlo en las calles, junto al pueblo, en manga de camisa, sudando la gota gorda.
Una cosa es aplicar una línea de masas en todo el territorio nacional para protestar contra la política económica, contra la corrupción, contra el narcotráfico y la violencia, y otra, muy distinta, es protestar desde la casa, con el refrigerador lleno de alimentos, con una planta full 24 horas, un sistema de seguridad electrónico, guardias y policías como perros de caza, con aire acondicionado y muchos teléfonos móviles para llamar a la prensa en busca de la primara plana.
La protesta tiene que ser Light; es decir, suave, tranquila, consensuada, nada de gomas encendidas, nada de obstáculos en las calles. Protestas civilizadas, prudentes, como le gustan al gobierno, pues no implican ruptura, ni toma de conciencia de la gente.
La protesta del parque La Lira fue eso, una protesta light, propia de países desarrollados donde se respetan la Constitución y las leyes, lo que no ocurre en nuestro país.
Pero bueno, algo es algo. Peor es nada. ¿Verdad, muchachos?

