En todos los núcleos sociales se producen diferencias, inclusive en la familia. Pero debemos siempre emular el viejo ejemplo de que los trapos sucios se lavan en casa.
Mucha gente habla de la necesidad de resaltar el orgullo dominicano, y es una motivación digna de admiración. Debemos resaltar nuestros símbolos patrios, nuestros héroes, la música típica, nuestros peloteros y atletas destacados de otras disciplinas deportivas, pero ¿qué más?
Nuestra clase política, en las últimas décadas ha fracasado. Desde que tengo uso de razón, el servicio eléctrico es un desastre. Y de ese desastre son responsables principales Joaquín Balaguer, quien gobernó 22 años; el PRD, que gobernó 12 años; y el PLD que lleva casi 10. Son responsables también de los deficitarios servicios de salud y educación.
¿Educación? Sí, somos un pueblo sin educación. Y la mayor prueba es el caos en el tránsito vehicular, donde todos queremos llegar al mismo tiempo y nadie da paso. ¿Podemos sentirnos orgullosos de una vergüenza similar, donde prevalece el egoísmo y la agresividad? No son uno ni dos los extranjeros que he escuchado decir que no se atreven a conducir en este país. Concedo razón.
Estamos llenos de malas costumbres que no están en consonancia con la forma de vida de otros países, pero son críticas que las formulo aquí, basado en un espíritu constructivo que procura la enmienda, sobre todo para el bienestar de las venideras generaciones, porque para la mía no hay tiempo de corrección.
Tenemos grandes defectos y el mejor aporte que podemos hacer es denunciarlos. Pero denunciarlos aquí, porque jamás lo haría en el exterior (sería negar mis orígenes) ni permito insulto a mi país de ningún extranjero. Y es que, a pesar de las quejas e inconformidades internas, siempre sale a relucir el orgullo dominicano.

