La conmoción, aflicción e indignación que causó el vil asesinato del periodista Orlando Martínez, del que hoy se cumplen 42 años, son apenas efectos de una profunda herida social que no sanará hasta el día en que los ideales de ese mártir de la prensa, libertad, justicia y derecho se hagan realidad.
Dos balas disparadas por sicarios oficiales segaron la vida en una noche gris el 17 de marzo de 1975 de uno de los jóvenes más brillantes de su generación, director de la revista ¡Ahora! y columnista de El Nacional, crimen atroz del que alguna vez la historia revelará los nombres de sus mandantes.
La virtud de Orlando, que para el régimen de entonces significaba un peligro letal, fue la firmeza de sus planteamientos, la sencillez de su prosa, la fortaleza de sus principios éticos y morales, acrisolada solidaridad con el oprimido y perseguido y profundo respeto por la verdad.
Aunque después de muchos años de ese cobarde crimen, su homicida y cómplices fueron juzgados y condenados, aún persiste un manto de impunidad que cubre nombres de posibles autores intelectuales de ese asesinato político con el que se pretendió silenciar a la prensa.
Las presentes y futuras generaciones de periodistas están compelidas a auscultar la trayectoria profesional de Orlando Martínez, a abrevar de su convicción ética, de su valor cívico, de la calidad y profundidad de sus escritos y sobre todo de su profundo amor por la libertad y los derechos ciudadanos.
Caníbales militares y civiles creyeron haber cumplido con la orden de sus mandantes de acallar a una de las plumas más relevantes del periodismo nacional, sin darse cuenta de que ese crimen atroz fijó en el firmamento nacional una brillante estrella que ilumina y alienta la perenne lucha por la libertad y la justicia.
La sociedad dominicana recuerda hoy con gratitud, respeto y admiración al periodista Orlando Martínez, mártir de la prensa nacional, con el firme voto colectivo de que el sacrificio de su vida se convierta en firme compromiso de no permitir jamás que el crimen, la opresión política o cualquier forma de conculcación de derechos se ciernan sobre la patria de Duarte.

