El pasado 17 de marzo, con motivo del 36 aniversario del asesinato de Orlando Martínez, di una conferencia en la Alianza Cibaeña de Santiago, acerca de la actualidad de su pensamiento.
El acto fue muy lindo y concurrido, y concluida la exposición se me acercó una señora de Tamboril, solicitándome que nos tomáramos una foto de recuerdo. Me recordó que a mediado de los 80 visité su pueblo precisamente para hablar de Orlando.
Ella tenía 15 años y asistió a mi charla compelida por su madre, quien había decidido asistir, pero no pudo hacerlo por quebrantos de salud. Entonces, le encomendó a su hija representarla, con la siguiente instrucción:
-Dile a Narciso que se comprometa a continuar la lucha para que los asesinos de Orlando sean ejemplarmente castigados. Que no descanse en ese propósito. Que el país necesita justicia.
Ella cumplió fielmente su misión. Yo recordé aquel pasaje.
En esa época el PCD contaba en Tamboril con varios trabajadores del tabaco y en más de una ocasión visité pequeñas empresas en las que se acostumbraba a disertar mientras obreros y obreras compaginaban y envolvían las hojas, colocaban la capa y daban el corte final. Visité el Club de Tabaqueros para hablar del luchador, del periodista contestatario y del ser humano que fue Orlando Martínez; caso emblemático de la lucha contra la impunidad del crimen de Estado).
En el curso de la conversación, ella me expresó que le respondí: Dile a tu madre que no la defraudaré, que el 17 de marzo de 1975 hice ese compromiso y que nada ni nadie nos impedirá llevarlo a cabo.
Y, llena de emoción, me dijo:
Déjeme abrazarlo, 25 años después, porque usted cumplió. Mi madre ya murió, pero yo quiero felicitarlo en su nombre.
El corazón se me salía del pecho, pensando en esa hermosa cadena de relevo: madre-hija, ayer y ahora… Orlando siempre; pensando en lo generosa que es la historia y en los valores que oculta esta dominación perversa.
Hay que seguir cumpliendo, me dijo íntimamente. Vale el sacrificio, vale la lucha por la justicia y la igualdad, por más que los de arriba se empeñen en difundir la idea de su inutilidad. La siembra a veces tarda en dar los frutos, pero de todas maneras los da.
Orlando vuelve al presente, a ser más subversivo de lo que fue, sobre todo porque lo que hoy existe -aquí y en el mundo, y en muchos aspectos de la vida – es igual y peor que la dominación que le tocó combatir.

