En 1979 las luchas por la democracia se anotaban una de sus victorias más resonantes con la caída en Nicaragua de la dictadura de Anastasio Somoza. Con el control que tenía de los resortes de poder no había otro medio que el de las armas para deponer la dinastía corrupta y criminal del somocismo. Para esa época no había una organización ni un gobierno progresista que no se solidarizara con la bandera enarbolada por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), a pesar de la identificación de sus líderes con la Revolución Cubana. Nada –se pensaba- podía ser peor que los Somoza.
Pero una vez instalados, los sandinistas le tomaron mucho amor al poder. En lugar de pasar al Estado o vender los bienes de los Somoza para impulsar proyectos de desarrollo lo que hicieron fue apropiárselos a través de un sistema que los nicaragüenses bautizaron como “la piñata”. Una fuerte crisis económica y las nefastas agresiones patrocinadas por Estados Unidos a través de “los contras” terminaron desalojando del gobierno al sandinismo liderado por el comandante Daniel Ortega. Por suerte para ellos, porque sus tropelías no se investigaron, quien los sustituyó fue doña Violeta Chamorro, la viuda del periodista Pedro Joaquín Chamorro, quien había sido asesinado por fuerzas somocistas en el aeropuerto de Managua tras retornar de su exilio en Estados Unidos.
La travesía en el desierto de los sandinistas había de prolongarse por otro período con el triunfo en las urnas de Arnoldo Alemán, en cuya gestión se rompieron los parámetros de la corrupción y la desvergüenza. La buena posición económica, así como la solidaridad de gobiernos democráticos no desalentaron al FSLN, ni a su líder, ni a los dirigentes fieles al sandinismo. Cuando volvió la oportunidad Ortega y los suyos la han aprovechado al máximo, a tal punto que para mantenerse en el poder no han vacilado en reeditar la represión y la persecución que enarbolaron como bandera en el levantamiento contra la dictadura somocista.
Por documentar crímenes y violaciones, Ortega, que lleva 11 años en el poder, expulsó de Nicaragua a la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH) bajo el pueril pretexto de que la organización incitaba al terrorismo. Pero como si fuera poco también desató una violenta cacería contra medios y periodistas que no han aplaudido las arbitrariedades de su Gobierno. Entre esos periodistas figura Carlos Fernando Chamorro, hijo del mártir en que Somoza convirtió con su asesinato al director del diario La Prensa, Pedro Joaquín Chamorro. Quienes eran sandinistas en 1979 es muy probable que hoy estén más que arrepentidos.

