A propósito de su novela Dimensionando a Dios, la cual me tocó comentar públicamente, le dije al autor, Manuel Salvador Gautier, que él había inventado el verbo /dimensionar/, ya que el mismo no aparece en la 22ª edición (2001) del Diccionario de la Real Academia Española. El novelista, muy humilde, mostró su asombro.
La conversación se desarrollaba en la sede de la Academia Dominicana de la Lengua, y el director, Bruno Rosario Candelier, intervino para aclarar que antes de la novela de Gautier el término ha venido empleándose. Recomendó consultar la edición electrónica del Diccionario.
Gautier, que es graduado de arquitecto, dijo que entre sus colegas es frecuente el uso. Vale recordar que la derivación es un procedimiento que permite introducir una palabra a partir de otra ya existente en la lengua, sobre todo por una necesidad comunicativa.
El sustantivo /dimensión/ es palabra propia de nuestra lengua. El DRAE le atribuye cinco acepciones. Veamos: 1. f. Aspecto o faceta de algo. 2. f. Longitud, área o volumen de una línea, una superficie o un cuerpo, respectivamente. U. t. en sent. fig. Un escándalo de grandes dimensiones. 3. f. Fís. Cada una de las magnitudes de un conjunto que sirven para definir un fenómeno. El espacio de cuatro dimensiones de la teoría de la relatividad. 4. f. Fís. Expresión de una magnitud mediante el producto de potencias de las magnitudes fundamentales. 5. f. Mús. Medida de los compases.
El Diccionario 2001 también recoge el adjetivo /dimensional/ con el significado de perteneciente o relativo a la dimensión.
Dimensionar
Como adelanto a la 23ª edición, el Diccionario académico recoge el verbo /dimensionar/ con las siguientes acepciones: 1. tr. Establecer las dimensiones de algo, generalmente inmaterial. Se pretende dimensionar el problema actual. 2. tr. Dar mayor dimensión o importancia a algo, generalmente inmaterial. Han conseguido dimensionar un problema que no era relevante.
Queda claro que son los usuarios de la lengua quienes determinan la inclusión de los vocablos que se consideren necesarios. La función de los académicos es recogerlos y divulgarlos en pro de que otros hablantes los conozcan. Desde luego, que toda lengua tiene su carácter o genio y las adquisiciones lexicales han de concordar con el mismo. Por eso funcionan las normas.
Las lenguas cambian
La versión electrónica del Diccionario de la Academia tiene una presentación de la cual copio el siguiente párrafo:
Las lenguas cambian de continuo, y lo hacen de modo especial en su componente léxico. Por ello los diccionarios nunca están terminados: son una obra viva que se esfuerza en reflejar la evolución registrando nuevas formas y atendiendo a las mutaciones de significado. Especial cuidado ha de poner en ello el Diccionario académico al que se otorga un valor normativo en todo el mundo de habla española.
