A quienes piensan que el rol de las academias de la lengua española es de pura gendarmería y que éstas están para imponer determinadas formas en el uso del idioma, les conviene detenerse en la usanza del verbo (¿?) /cremar/.
El más reciente uso público de este verbo ocurrió con la muerte del periodista Pedro Caro. Cremarán restos de Pedro Caro. Luego se informaba que fueron cremados. Semanas antes se informó que cremaron el cadáver del poeta Enrique Eusebio.
Los familiares de los fallecidos ofrecen estas informaciones y la prensa las divulga gentilmente. Los periódicos son hasta ahora la autoridad más responsable en el uso de término, no acogido por el español general. El Diccionario de la Real Academia Española, edición 2001, registra el verbo /cremar/ como un mexicanismo, es decir una voz exclusiva de ese país.
El español general reconoce la palabra /crematorio/ , un adjetivo que significa perteneciente o relativo a la cremación de los cadáveres y materias deletéreas. Pone de ejemplo horno crematorio. Por extensión se le da este nombre al lugar donde se hace la cremación.
En México emplean /cremar/ como sinónimo de incinerar. Y parece que lo hacen tanto, que la academia de la lengua en ese país ha logrado insertar la palabra en el Diccionario de la RAE. La academia dominicana tendrá que hacer similar diligencia para la próxima edición.
Cremar se ajusta perfectamente al genio del español, pues deriva del latín /cremare/ que precisamente significa incinerar.
Lo curioso es que al parecer fue empleada en el castellano antiguo, por lo que podría ser un arcaísmo. Sin embargo, si una poderosa comunidad de hablantes como México la emplea, tiene mucha posibilidad de revivir.
Al menos, cuenta con la adhesión de los dominicanos que también cremamos nuestros muertos.
Una ayudita para
el alcalde Salcedo
El alcalde de Santo Domingo alberga una justificada preocupación por el trato a las mujeres. En tal sentido ha colocado un conjunto de vallas publicitarias con un mensaje muy sano. Dice el texto, con la firma y la infaltable figura de Roberto Salcedo, lo siguiente:
Tienes derecho a sentirte dueño del planeta, lo que nunca tendrás derecho es agredir a una mujer. ¡Sí! Así mismo.
Al alcalde le copiaron mal el dictado. Presumo que con el palo de golf en la derecha y el celular en la izquierda, el honorable ejecutivo edilicio dijo:
Tienes derecho a sentirte dueño del planeta, /pero a/ lo que nunca tendrás derecho es /a/ agredir a una mujer.
Parece que alguien consideró excesiva la presencia de /a/ y se ahorró algunas. Olvidó esa persona que el idioma es un sistema en el que cada pieza desempeña una función.

