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ORTO-ESCRITURA

ORTO-ESCRITURA

POR: RAFAEL PERALTA ROMERO
rafaelperaltar@gmail.com

 

 

¿Será que el  horno está para  biscuí?

 

 

Nunca me vi en la necesidad de escribir la palabra biscuí o biscuit, pero en los últimos días me ha provocado unas horas de trabajo. Leyendo el cuento “La vida es juego”, contenido en el libro “Para todos nosotros caerá la noche “, de César Zapata, en proceso de edición, me encontré con ese vocablo en plural: “biscuits”.
Zapata ha usado la forma correcta en inglés, lengua de la cual procede el término. Y también lo emplea en el sentido semántico que se le atribuye en el habla dominicana, que es para nombrar unos muñequitos decorativos que suelen colocarse en la sala de la vivienda.
“Luego, todo era reposar entre trapos limpios, acorado entre las mesitas de la sala con unos biscuits en forma de garzas que decían siempre que sí, y eso me adormilaba…”. (César Zapata).

Parece que en inglés “biscuit” significa galletica. El Diccionario panhispánico de dudas presenta a propósito una verdadera rareza. Señala /bísquet/ como la “adaptación gráfica de la voz inglesa biscuit, usada en México para designar cierto bollo de sabor ligeramente salado…”.
El Diccionario de la Real Academia no dice nada al respecto. He tenido que recurrir a Wikipedia donde obtuve una buena orientación sobre el origen del término: En alfarería, -dice- “el resultado de la primera cocción de una pieza, pero más a menudo se llama biscuit a ese mismo resultado, siempre que la materia prima no sea arcilla sino caolín, cuarzo y feldespato”.

Refiere ese mismo espacio de la web que esta técnica empezó a emplearse desde mediados del siglo XVIII, sobre todo en Francia, en la fábrica de Sèvres y en Italia, en la Real Fábrica di Capodimonte de Nápoles. En ésta época se pusieron de moda las estatuillas y los grupos de escenas pastoriles. En el siglo XIX se fabricaron en biscuit muchas muñecas. El horno para elaborar biscuit debe estar de 900 a 1000 °C.

El pueblo dominicano ha venido usando este anglicismo en forma adecuada para satisfacer la necesidad de llamar a esos objetos decorativos. A pocos ha importado saber cómo se escribe. El “Diccionario del español dominicano”, publicación de la Academia Dominicana de la Lengua y la Fundación Guzmán Ariza, ha hecho muy bien con reivindicar este término como parte de nuestra habla. Lo escribe así: biscuí, como palabra aguda, con tilde. Su plural: biscuís.

Como argumento de autoridad este diccionario cita esta frase de la novela “Sólo cenizas hallarás”, de Pedro Vergés: “Compraban cositas para el matrimonio. Algunas de las cuales –ceniceros, biscuís, tacitas de café- aún guardaba Conchita en las gavetas”.
La adaptación al español de palabras procedentes de otras lenguas es un recurso justificado, sobre todo si la palabra es necesaria en nuestra lengua como biscuí. Ante la duda, no debe quedarse uno como un biscuí.

El Nacional

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