Hay cosas dichas que merecen repetirse, como suele ocurrir con las normas ortográficas. Una regla general, bien divulgada, indica que los nombres propios de persona se escriben con mayúscula inicial. Tanto el nombre de pila original (Antonio, José, Francisco, Enrique, Consuelo, Pilar o Rafael) como el nombre afectivo o hipocorístico (Toni, Pepe, Paco, Quique, Concha, Pili o Fello).
Sin embargo, las preposiciones y artículos contenidos en los nombres de pila se escriben con minúscula: José del Carmen, María de los Ángeles, María del Pilar, Juan de Dios.
Los apodos y alias en unos casos se unen al nombre de la persona precedidos de artículo y separados por coma, en tales casos también se escriben con mayúscula. Ejemplo: Lola Flores, la Faraona; Sandro, el Gitano; Crecencio García, el Prodigio, Giovanny Cruz, el Semidiós.
En nuestro medio es frecuente usar el apodo entre nombre y apellido sin artículo: Erasmo Niní- Cáffaro, Teófilo Quico- Tabar, Rafael Fafa- Taveras, Víctor Ito- Bisonó, Octavio Tití- Estrella o Tony Cabeza- Fernández.
Los sobrenombres son definidos como calificativos que siempre deben ir acompañados del nombre propio. Se escriben con mayúscula inicial y van precedidos de artículos: Alfonso el Sabio, Isabel la Católica, Juana la Loca, Pedro el Cruel, Felipe el Hermoso o Jack el Destripador.
Los seudónimos o nombres artísticos se comportan como nombres propios y por tanto se escriben con mayúscula inicial: Azorín (José Martínez Ruiz), Rubén Darío (Félix Rubén García Sarmiento), León David (Juan José Jimenes Sabater), Anthony Ríos (Froilán Antonio Rodríguez) o Fausto Rey (Ramón Sepúlveda). También Woody Allen (Allan Stewart Königsberg) o Mark Twain (Samuel Langhorne Clemens).
Las fórmulas de tratamiento se emplean para dirigirse a una persona, bien por cortesía, bien en función de su cargo, dignidad, jerarquía o título académico: usted, excelencia, majestad, monseñor, don, licenciado, profesor. Se trata de sustantivos y adjetivos comunes que no tienen por qué escribirse con mayúscula.
Así pues, deben hoy escribirse con minúscula inicial todos los tratamientos, tanto los que preceden siempre al nombre, llamados por ello, antenombres: don, doña, fray, sor, santo, santa, como los que pueden utilizarse sin él: usted, señor/ra, licenciado/da, doctor/ra, su señoría, reverendo/da, vuestra merced, etc.
Esto dice la Ortografía de la lengua española, 2010. Y agrega que para aquellas fórmulas honoríficas correspondientes a las más altas dignidades en el tratamiento protocolario (su santidad, su majestad, su excelencia ) la mayúscula inicial es admisible aunque no obligada- solo si el tratamiento no va seguido del nombre propio de la persona a la que se refiere. Por ejemplo: La recepción a Su Santidad será en el palacio arzobispal. Pero si se acompaña del nombre propio es obligatoria la minúscula. Ejemplo: Esto dijo su santidad Benedicto XVI.
Seguimos el próximo domingo.

