Los detalles que han salido a relucir son tan tenebrosos que lejos de arrojar más luz lo que ha salido de la problemática en torno al sector eléctrico es precisamente más oscuridad y confusión. Ni siquiera la aplicación de la ley que criminaliza el fraude ha contribuido a iluminar un sector plagado de contradicciones y que sigue como la retranca para la competitividad y el desarrollo.
Un estudio del consultor José Luis Moreno San Juan pone algunos puntos sobre las íes con datos acerca de los apoteósicos beneficios, no se les puede llamar de otro modo, que reciben en subsidio los generadores para suplir uno de los servicios eléctricos más caros y deficientes de la región.
De acuerdo con Moreno San Juan, de 1,100 millones de dólares en subsidios aportados por el Gobierno en 2008 al sector eléctrico más de 700 millones fueron para los generadores a consecuencia de las distorsiones que prevalecen en el mercado de compra y venta de energía.
Lo sorprendente es que aún con la subvención el consumidor tiene que pagar el kilovatio/hora por encima de los 16 centavos de dólar, a diferencia de otros países, entre los que figura Puerto Rico, en que el precio ronda entre los 6 y 8 centavos. El sobrecosto es un lastre que conspira contra la capacidad y el derecho de la mayoría a disfrutar de un servicio asequible.
El sobrecosto de que habla Moreno San Juan es sin duda uno de los factores que contribuye a que, aún con la ley que criminaliza el fraude, los consumidores se roben la luz. Y conste, que no son los residentes en los llamados barrios carenciados porque ésos son subsidiados por el Gobierno.
No cabe duda de que el sector eléctrico requiere de un saneamiento, que en modo alguno puede ser parcial. Sin embargo, los variados intereses que giran en torno al sector también oscurecen la salida que se espera y necesita la problemática. Conforme a la estructura el único que carga pesado es el Estado, y aquellos usuarios que no pasan de refunfuñar por las elevadas facturaciones, al tener que subsidiar tanto a los generadores como a consumidores.
Con más de un millón de familias que según el secretario de Economía, Planificación y Desarrollo no paga el servicio es para que el sector se resintiera. En la práctica, sin embargo, el problema no es tan significativo frente al colosal subsidio que se proporciona a los generadores.
El cuadro explica la razón por la cual el escarceo se desliza a lo personal o se queda por las ramas. Bajar a la raíz puede comprometer en la crisis a quienes la han atizado y a los responsables de las distorsiones que caracterizan al sector.

