Opinión

Otra lectura

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Ambiórix Rosario no será un estudiante ejemplar ni nada que se le parezca. Sin embargo, por los 20 años que lleva matriculado en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) tampoco se le puede tratar como si fuera una escoria. Que haya excedido los límites para cursar una carrera, especializarse y doctorarse son otros quinientos. Tras ser elegido presidente de la Federación de Estudiantes Dominicanos (FED) por una mayoría abrumadora, su caso ha sido abordado como si fuera un problema nacional. En la UASD los estudiantes pueden inscribir en cada semestre las materias que sus condiciones les permiten. Muchos, por cuestiones laborales, sólo pueden cursar algunas por semestres, en tanto otros, como parece el caso de Rosario, sacrifican las prioridades de graduarse para dedicarse a la lucha estudiantil. Y es posible que esa masa, estigmatizada por respaldar su candidatura, apreciara precisamente esa vocación de sacrificio para catapultarlo a la presidencia de la FED. No todo el mundo antepone sus intereses personales para luchar por las reivindicaciones de la mayoría. Que hubo estudiantes ejemplares que también fueron buenos dirigentes y son profesionales excelentes no es lo que está en discusión. También  ha habido connotados dirigentes que como profesionales no se han sentido, ni siquiera a través de un artículo periodístico, porque no cursaron sus carreras con el rigor académico que ameritaban, sino que más bien siempre contaron con el favor, por distintas razones, del profesorado. Convertir en picadillo al presidente de la FED sólo por el tiempo que lleva matriculado en la UASD es limitarse, interesadamente o no, a la superficie de un problema de raíces más profundas. Para evitar casos como el de Ambiórix la UASD necesita más apoyo para acelerar las reformas que se han propuesto sus autoridades para cumplir el papel que los tiempos demandan de esa casa de estudios.

El Nacional

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