La pista por aquí está que quema con los escándalos, por un lado, y los conflictos de liderazgos en los partidos políticos, por el otro, pero el tsunami electoral que sacudió a Argentina ha sido demasiado impactante como para no prestarle la debida atención. Los fenómenos que ocurren en una nación que desde hace tiempo no da pie con bola no son para extrañarse, pero el huracán que pulverizó el modelo impulsado por el presidente Mauricio Macri, tan reverenciado por los mercados financieros, ha dejado lecciones para aprender tanto a la clase política como a los organismos internacionales.
El actual Presidente de la nación suramericana ejecutó al pie de la letra la receta del Fondo Monetario Internacional (FMI) para apuntalar la economía. Austeridad en el gasto, supresión de ministerios, cancelaciones de empleados, eliminación de las exenciones fiscales y otras tantas medidas sin que ninguna de las cuales diera resultado. Antes que crecer la economía se contrajo, se disparó la inflación y el peso se devaluaba en caída libre, al punto de llegar del 15 al 60 por dólar. El salvataje de 57 mil millones de dólares que le proporcionó el FMI de nada sirvió. Por supuesto, el entorno externo y los problemas ambientales hicieron sus efectos.
La economía, más que nada, fue determinante para que los argentinos resucitaran al peronismo en las primarias del día 11 de agosto, al otorgarle un 48% frente a un 32 del oficialismo. Macri tuvo que recibir esa paliza que anticipa su salida del poder en las elecciones de octubre para entender que transitaba un camino equivocado. Ahora ha tratado de revertir casi todas las medidas que le recomendaron y de esa manera identificarse con el modelo de sus rivales, aunque pueda ser tarde ante una diferencia tan significativa.
Los argentinos serán muy especiales, pero se les hace difícil llegar a la meta. Jorge Luis Borges, considerado el escritor más representativo de América Latina, nunca ganó el Nobel de Literatura; Lionel Messi, el número uno del fútbol en el mundo apenas ha brillado en la selección de su país. Pero la misma selección, que regularmente cierra entre las favoritas en las copas, siempre se ha quedado a la puerta.
Parte de los contrastes, al margen de factores coyunturales, es que el Gobierno de Cristina Fernández estaba plagado de gastos sociales, vilipendiado por los organismos internacionales y los más influyentes medios de comunicación, pero la inflación estaba controlada y la tasa de cambio era estable, a pesar de que tenía cerrado el crédito externo.
La prevista derrota de Macri en las próximas elecciones no plantea de ninguna manera un retorno al pasado, sino una ruptura con un modelo que no responde a las necesidades de la población. Esa es la lección.

