Opinión

Otro botón de muestra

Otro botón de muestra

La ficción jamás se impone a la realidad. De manera que para engatusar incautados el procurador general de la República tendrá que revisar su método. La realidad internacional, como ha ocurrido en Perú y Colombia, ha vuelto a ridiculizar las burlas con que Jean Alain Rodríguez ha pretendido justificar las chapucerías que brotan sobre el escándalo Odebrecht.

Durante mucho tiempo Rodríguez defendía como el paso más trascendental en la región el acuerdo de lenidad a través del cual la constructora fue multada con 184 millones de dólares por los 92 que dijo haber pagado en sobornos para la adjudicación de obras. En esos sectores que carecen o han perdido el espíritu el pretexto no dejó de calar, pues asumieron que para todo perdido, algo se había ganado.

El sabor de la victoria, si era lo que pretendía el Ministerio Público que había logrado con su estrategia, no ha durado mucho. No hay que volver a Perú, porque lo ocurrido en ese país se conoce de sobra. El otro botón ha sido en Colombia, donde la multinacional dijo que había pagado sobornos por 11.1 millones de dólares, pero la multa que se le impuso por transgredir las leyes fue de 252 millones. Además se le inhabilitó por 10 años para concursar en proyectos públicos.

Otro detalle que en modo alguno puede pasar inadvertido es que la sanción aplica a socios como Episol, una empresa del banquero Luis Carlos Sarmiento, el hombre más rico de la nación.

Tal vez es significativo que se sepa que el dinero de la multa no se destinará para cárceles o lo que considere el Ministerio Público, sino para finalizar una obra que construía la empresa brasileña. Y todavía no es todo. Se encontró que los sobornos no fueron de 11.1 millones de dólares, sino de al menos 32.5 millones, y ya se ha condenado a seis pejes gordos.

El saliente presidente Juan Manuel Santos se salvó en tablita al probar que desconocía las donaciones de la compañía a su campaña electoral.

Mientras la Fiscalía colombiana se ha ocupado de no dejar un papelito en el aire para evitar el menor asomo de impunidad, en República Dominicana, donde el proceso, según el procurador general de la República, ha sido hasta elogiado por la comunidad internacional, no se ha visto ningún signo para que la justicia resplandezca sobre el escándalo. Más bien lo contrario con los burdos encubrimientos y el sesgo que han caracterizado la investigación.

Es inimaginable lo que hubiera ocurrido en Colombia, Perú y otros países donde se ha profundizado en las pesquisas si Odebrecht hubiera trasladado a alguno de ellos, como ocurrió aquí, su departamento para pagar sobornos por la concesión de obras. El procurador puede reírse.

El Nacional

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