Desde el 16 de agosto del 2004, los gobiernistas han repetido que el país va palante. Dejando las estadísticas económicas a un lado, cabe señalar que Procter & Gamble mudó recientemente su matriz de Caracas a Ciudad Panamá, decisión que previamente habían tomado Caterpillar, 3M, Adidas, Heineken y Dell. A pesar de que los boticarios oficiales se han empeñado en dorarnos la píldora, estas multinacionales no se la han tragado.
De acuerdo con el ICUR, que valora el potencial de negocios de ciudades hispanoamericanas, la capital panameña ocupa el séptimo lugar. De 37 evaluadas, Santo Domingo ocupa la posición 25. Estamos delante en desempleo, 14.9%, una de las tasas más elevadas de la región. Nuestro PIB percápita, US$2,885.00, es inferior a los de Guayaquil, Tegucigalpa y otras ciudades.
En cuanto al poder de marca, que contempla variables relativas a la calidad de vida y los servicios hospitalarios y educativos, Santo Domingo logró un puntaje de 48.7, nada comparable con el 94.5 de Sao Paulo, por ejemplo. Respecto al marco social y político, que toma en cuenta indicadores de institucionalidad, desarrollo social y seguridad jurídica, Santiago de Chile obtuvo 100, Montevideo 98.2, y esta ciudad primada un 68.4, apenas por delante de Caracas y otro puñado de ciudades.
Tampoco nos acercamos al 91.8 de Bogotá, cuya Suprema Corte condenó a 43 meses de prisión a la legisladora que a cambio de prebendas votó a favor de la reforma constitucional que le permitió a Uribe optar por un segundo mandato. Y si no se quedó en el Palacio, fue porque la Corte Constitucional declaró inconstitucional la ley que convocaba a un referendo, no sin antes considerar que la apetencia continuista atentaba contra los ejes estructurales de la democracia, y que se impone prevenir que los recursos públicos …terminen por apropiarse de la voluntad popular. Marginando de este análisis cualquier similitud existente, se impone una pregunta: ¿Vamos palante?

