La izquierda española, que no se pudo poner de acuerdo para formar Gobierno, lo ha hecho para participar en las elecciones del 26 de junio. Con exclusión del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que defiende su propio proyecto, los partidos Podemos, de Pablo Iglesias, e Izquierda Unida, de Alberto Garzón, arribaron a un preacuerdo con la esperanza de convertirse en la alternativa del cambio.
El acuerdo tiene su impacto en el electorado español. Pero no deja de plantear interrogantes.
Se trata de una apuesta arriesgada, en que se puede ganar más, pero también perder.
El radicalismo, por demás, nunca ha sido buen consejero. Al no conseguir el apoyo de Podemos para formar alcanzar el poder, el PSOE, que que en las elecciones del 20 de diciembre obtuvo 90 diputados, se negó, con aparente razón, a formar parte del pacto de izquierda para concurrir a las próximas votaciones. Es posible que la izquierda que ahora se alía dejara pasar una buena oportunidad.

