Opinión

Padres  e hijos

Padres  e hijos

El vínculo que se forma por la relación familiar no es el mismo que resulta de los socios de una compañía por acciones; en la compañía prima el interés económico; el vínculo familiar está por encima de los intereses económicos; la familia constituye la base sobre la cual descansa la sociedad; si el hombre sale corrompido de la familia, corrompido entrará a la sociedad.

Si la familia, históricamente, ha permanecido como  factor activo de la sociedad,  es porque ha avanzando; su avance se debe a que descansa, como categoría histórica, no solamente en base a lo jurídico-económico, sino, principalmente, en lo afectivo, en lo más profundo que aporta el ser humano: el amor, la fraternidad, la solidaridad, la confianza mutua que debe imperar en  la familia. 

La responsabilidad de los padres frente a los hijos no se limita a la manutención, pago de la educación, formación profesional, proporcionarle un adecuado hábitat y diversión de toda índole.  El cumplimiento del deber se extiende más allá de las obligaciones económicas.  El padre y la madre están obligados a dar seguimiento a las actividades de los hijos.  Solamente así pueden tener conocimiento cabal de lo que están haciendo y con quienes se relacionan.

Le resulta muy fácil al padre que resuelve los problemas familiares con aportes económicos y que no ejerce su misión de orientar y controlar el comportamiento de los hijos en el hogar, en la escuela, universidad, o en el seno de la sociedad.

Muchos padres se lamentan y sufren lo indecible cuando tienen conocimiento de que sus hijos están en actividades al margen de la ley.  Algunas veces los progenitores son los últimos que se informan de las acciones de sus vástagos dentro y fuera de la casa.

La realidad nos está diciendo que el agrietamiento de la sociedad dominicana no es más que la fiel expresión del deterioro existente en la familia.  Se impone una amplia reflexión respecto a la situación de la familia como célula principal del organismo social.

Si el hijo ejecuta acciones al margen de las normas de honradez y decencia, los padres no son culpables de ellas,  pero sí tienen que reconocer que alguna falla ha habido en la orientación, vigilancia y control del organismo familiar.  Los padres están ligados con los hijos por lazos sanguíneos y legales, no por los hechos delictuosos que puedan ejecutar durante su vida.

Cuando en el seno familiar uno de los hijos comete una falta que es  afrenta, no hay motivo de lamentos; lo que procede es tomar  medidas de reorientación, aplicar  correctivos para que el joven en falta cambie de comportamiento y en lo adelante sea un hombre o mujer de bien,  y que la acción pecaminosa sea vista como una falla, algo que debe quedar en el pasado y no como  mancha en la familia.

En el caso de los padres con respecto a sus hijos, y el ejemplo, se puede decir lo que dijo Máximo Gorki: “Hay que hacer comprender al hombre que él es el creador y el dueño del mundo, que sobre él recae la responsabilidad de todo el mal de la tierra, pero que a él le incumbe también la gloria de todo el bien de la vida”.

El Nacional

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