Los jefes de Estado de la Unión de Naciones de Suramérica (Unasur) se reúnen hoy en Quito, Ecuador, para abordar la catástrofe de Haití, porque a casi un mes del terremoto que devastó a esa nación, la comunidad internacional aún no encuentra recursos ni vías para poder emprender su reconstrucción.
No son auspiciosas las perspectivas de que en el corto plazo se logre consolidar un fondo multinacional suficiente como para poder levantar la infraestructura básica que requiere Haití, donde literalmente no quedó piedra sobre piedra.
El G-7, integrado por las principales economías del mundo, que se creía sustituido por el Grupo de los 20, reapareció el pasado seis de febrero en una reunión de sus gobernadores y ministros de Finanzas, en Toronto, Canadá, donde el tema haitiano quedó en simple declaración de buenas intenciones.
En ese encuentro, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Timothy Geithner, apenas dijo que Washington apoya la condonación de la deuda externa haitiana, ascendente a mil 314 millones de dólares, cuyos principales acreedores son el Banco Interamericano US$447) y Venezuela (US$300).
En ningún escenario del mundo se ha ponderado la propuesta dominicana para que se cree un fondo de al menos diez mil millones de dólares destinado a un programa de reconstrucción de Haití, que tendría una duración de diez años.
Está pendiente una cumbre mundial a celebrarse en Santo Domingo el mes próximo, aunque se teme que en ese cónclave se imponga el mismo criterio que prevaleció en una primera reunión efectuada en Canadá y en el encuentro del G-7, donde sólo se habló de condonar una deuda que de todos modos Haití no podría pagar.
Dios quiera que los presidentes de Brasil, Venezuela, Colombia, Argentina y Chile, entre otros jefes de Estado participantes en la Cumbre de Unasur, rompan el hielo e identifiquen fuentes de financiamiento para la reconstrucción de Haití. Basta de palabrería.

