Opinión

Partidos: ¡Ahora o nunca!

Partidos: ¡Ahora o nunca!

La propuesta de Manuel Jiménez, en el sentido de que las militancias aspirantes a cargos electivos sean depuradas por los partidos antes de obtener las candidaturas, debería de adoptarse como una regla de oro.

Es que las organizaciones políticas están mostrando la imagen negativa de una militancia ávida de poder para sí misma, sin trascendencia ideológica, con poco interés en la construcción democrática, con perfil depredador y sin motivación reflexiva. Parece que a tanto vacío político, se impusiera la doctrina del “tó e tó y ná e ná”, que tanto daño ha hecho a nuestro imaginario.

Atrás quedó el tiempo en que las candidaturas eran escogidas entre aspirantes con méritos políticos y sociales por una participación activa en las escuelas de formación y en las comunidades. Ya no existen escuelas en los partidos; los colectivos sociales ni conocen a sus delegaciones y si lo hacen, es a partir de la distorsión de valores y apariencias. (Ni qué decir de las ninguneadas personalidades emblemáticas aquellas, que murieron junto a líderes y principios a manos de estos depredadores!)

¿Cuáles son los méritos de una persona que aspira a un cargo? Oportunismo, “allante”, inmodestia, rapacidad por el dinero, incapacidad, conveniencia personal y comodidad propia, son el marco para quienes llegan al funcionariado nacional. (Cierre los ojos y pase fila).

El caso del diputado Romero y su desfachatez, fue el último pero no el único, aún se recuerdan las andanzas del Chino de la Vega, el Williams de San Pedro de Macorís y muchos más que, sin transcender a la prensa, conforman una lista vergonzosa para los partidos políticos, aunque estos ni se pronuncien.

Estos señores actúan con exención, porque llegados a los escaños, tienen inmunidad real e impunidad asumida: nadie les exige cuentas, ni el partido, beneficiado de los recursos que el irreverente genera, ni el Congreso que apenas puede con su alma, ni las leyes electorales que están hechas a su medida, y por supuesto, ni la jerarquía católica que negocia con ellos, alejada del cristianismo y obsesionada por mantenerse a flote. Tampoco le importa a la prensa, comprada casi toda por ellos mismos, y los promueve, corrompida desde hace tiempo en la estipulación que termina por ahogarnos a todos y todas.

Como resultado, la debacle es anunciada. No hay más que ver y oír un poco el panorama nacional en los medios, para sentir escalofríos, junto con la rabia y la culpa, por no querer ni poder cambiar las cosas. Si yo fuera diputada, hipotético juego solo posible mentalmente, estaría de acuerdo con Manuel Jiménez y otras curules decentes, y legislaría para barrer con tanta desgracia!

El Nacional

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