Una rosa para los caídos y una espina para la policía asesina, así decía el cartel de la caminata de los(as) jóvenes contra el abuso policial.
Lo del abuso se quedó corto: la actitud policial resultó bestial. Lo de asesina también es poco. Porque la PN es mucho mas que todo eso. Es más que una policía, son todas las policías, desde la DNCD hasta AMET.
Es instrumento de clase dominante e instancia represiva de un Estado delincuente que destila autoritarismo y crea cuerpos policiales a su imagen y semejanza.
Es, ciertamente, una entidad que mata, extorsiona, atraca. Que es autoridad y actúa como un cártel multidisciplinario de acciones delictivas, más ahora que controla la DNCD.
Sí, como un multicartel con múltiples especialidades: en de robo de vehículos, patrullajes extorsionadores, secuestros, asaltos a mano armada, delitos contra la propiedad individual, redadas rentables, expedientes falsos, despojo a los detenidos, falsificaciones, protección de punto de drogas, cobro de peaje a cambio de seguridad, homicidios por encargo, tumbes, asociación con carteles de civiles Cada vertiente delictiva tiene su correspondiente uniformada de gris.
Es policía y es mafia con múltiples bandas en sus entrañas. Sus funciones de prevención y persecución del delito son empleadas para asociarse con el delito.
Es un engendro en el contexto de un Estado policial y delincuente. Un engendro, con jurisdicción sobre algunos mega-botines.
Dentro de ese engendro hay responsables de asesinatos, torturas, golpizas, atracos, asociación de malhechores y patadas alevosas.
Todos ellos tienen ese mando político supremo que los designa y los protege. Que ahora lo llaman Leonel.
Medios y empresarios que los defienden. Consorcios que los condecoran. Cámara Americana que los acoge. CIA, MOSSAD, FBI y Policía Colombiana que les traspasan tecnología para matar y torturar. Bancos que los sobornan. Obispos y curas que los bendicen. Eso explica, entre muchas cosas, el esfuerzo que habrá que hacer para que la patada de bestia, incitada desde las alturas, que me fracturó tres costillas, no quede impune.
Pero estén seguras esas bestias y sus padrinos que van a tener que enfrentar un hueso duro de roer y una sociedad harta de fechorías gubernamentales.

