Mayor General, E.N. (DEM)
Yo soy justo con los justos, y bueno
con los buenos, y si alguna vez soy
violento, también suelo ser generoso
en mis reparaciones no obstinándome
en sostener mis faltas,
o mis equivocaciones.
Simón Bolívar.-
Podría sin ningún inconveniente iniciar este divagar sabatino con la canción compuesta al General Desiderio
Arias. Decir, por ejemplo, que desde la caída del hombre aquél hemos vivido en una perpetua confusión entre libertad y libertinaje, irrespetando a las instituciones y por ende a los individuos, que al fin y al cabo son los verdaderos protagonistas de estas últimas. Mas, por hache o por erre, no por nada, precisamente, me acuerdo de la letras dedicadas al militar montecristeño cuando en una de sus estrofas expresa: Dice Desiderio Arias que lo dejen trabajar/ porque si el coge el machete/ nadie sabe lo que hará. Reitero, no es por nada muy a pesar de los analistas que parten de premisas falsas y malsanas, para llegar a conclusiones en informes de igual calaña, aunque
Por tal razón, prefiero dentro de esas magnificas narraciones de Jorge Luis Borges, trasladarme a unos pensamientos y divagaciones que nos lleven a encontrarnos con ese dibujo abstracto, fugaz quizás, que nos permita convertirlo en algo físico, que cual pensamiento idealista nos produzca el inmenso placer de concretizar ese goce pleno de la paz y la armonía, sin tener que esperar disfrutarlo ya en la tumba, lamentablemente sin conocimiento de la relación causa-efecto.
Creo y tengo fe en otra vida, o al menos en otro tipo de vida, porque aún no hemos descubierto en este devenir cosa alguna que no esté compensada por otra, como esa sentencia de Borges de que en el mundo existe un río cuyas aguas dan la inmortalidad, pero en algún otro lugar habrá otro río cuyas aguas la borren. Y como contemplamos un sábado en la tarde, para demostrar lo anterior ante tantos programas o adefesios que aparecen en la televisión, vean y escuchen a Federico Henríquez Grateraux y a don Enerio Rodríguez, en el programa Sobre el Tapete y conocerán a lo que me refiero: precisamente a lo que nos está haciendo falta como sociedad ¡Calidad humana, mi hermano, calidad!.
Sin ser premonitores ni nada que se parezca, en ocasiones presentimos y hasta podemos oler y sentir las vibraciones lejanas de eso que no sabemos ni conocemos, que no podemos descifrar, pero que tenemos la plena convicción de que haremos frente, como quizás nadie ni nosotros mismos- lo hubiésemos concebido, muy a pesar de tantos años enfrentando lo mismo, aunque con diferente velo. Pero como según Borges pronunciara Cartaphilos, cuando se acerca el fin, ya no quedan imágenes del recuerdo; sólo quedan palabras. Palabras desplazadas y mutiladas, palabras de otros, fue la pobre limosna que le dejaron los tiempos.
Por eso comparto entre lo utópico y lo que la vida enseña como realidad. Como el príncipe Segismundo en la obra de Pedro Calderón de la Barca La vida es Sueño, quien descubre el desenfado con que se debe obrar en este mundo conforme a lo único verdadero, a lo que es eterno, y no afanarse por lo que pasa como un sueño. El gran problema es la confusión que se produce entre los impíos que confunden la humildad con el miedo o temor, y yo prefiero lo intermedio, ni humilde ni soberbio, para no provocar; es que tampoco acepto que me quieran pisotear.
Expreso al viento y públicamente mis pensamientos y creencias con responsabilidad suficiente para defender lo que creo, principalmente esos valores que, como la lealtad, honradez y amistad, muchos por sustentar posiciones efímeras, ni por asomo se les ocurre decir un simple ¡No, carajo!, y se creen que todo el mundo es igual. Y como esos valores cada día sufren mutaciones infernales, presentándose como cualquier cosa, menos como lo que son, por esa razón respeto a todo aquél que no comparta mis criterios, dejándoles saber que jamás piensen en mi sumisión para dejar de ser lo que soy y convertirme en lo que jamás seré.
Por eso, de esas anáforas famosas que encierran figuras de tipo sintáctico y fonológico que además contribuyen al ritmo y sonoridad, me permito parodiar la siguiente, para que algunos, si es que pueden, las lean con el corazón, con la mente abierta: Sueña el que a medrar empieza/, sueña el que afana y pretende/, sueña el que agravia y ofende ( ) ¿Yo en palacios suntuosos?, ¿Yo entre telas y brocados? ¿Yo cercado de criados tan lucidos y briosos?. Lo lamento, mi hermano, lamento su confusión.
El peligro hay que afrontarlo, reparar en el mismo o sin reparar en él hay que estar dispuesto a enfrentarlo, porque los abyectos, despreciables y corrompidos suelen atravesar aviesamente el cuerpo de quien consideran indefenso, sin ningún sonrojo, ya que no soportan ser sometidos ante la opinión pública para que paguen en oprobios lo que merecen por el agio y la liviandad, con cuya actitud quieren atropellar a todo el que goza de una reputación sin tacha y que en base a esfuerzos y constancia es el único premio logrado; a quienes hacen temblar y rabiar de envidia a los advenedizos de la suerte, a ese selecto círculo me refiero.
Aprendemos tantas cosas, en apariencias de una simplicidad y cotidianidad que al ser tan simples vivimos cometiendo el mismo craso error, cuando sufrimos por algo que no deseamos que se produzca, lo cual pertenece a una variable que no dominamos y queramos o no, nos atormentemos o no, de todas maneras será como debe de ser, no como el clásico microuniverso de los ilusos que se empecinan en pretender besar la Luna o que el Sol en vez del este salga por el oeste.
Desearía con vehemencia en esta tarde sabatina, que todo fuese como debía de ser, sociable, amigable y lento, natural, como corresponde a todo ambiente apropiado para la convivencia humana y que las intrigas y malquerencias se consuman como en el fuego junto a todo aquello que crea enemistades en base a intrigas y que las cenizas queden enterradas en el fondo del fango, de donde nunca debieron salir.
Desearía desde esta apacibilidad volver a vibrar con la grata impresión que nos sobresalta de orgullo y alegría por el abrazo del amigo, y que esa honda excitación de tan profundos sentimientos nos fortalezca, para no vivir acabados, exprimidos hasta agotarnos, vacía nuestra mochila de sentimientos y sin fuerzas para sentir los alentadores halagos y escalofríos producidos por la felicitación o el éxito de un amigo.
En filosofía se dice que todo hombre es una sustancia en cuanto es capaz de existir en sí. Y esta sustancia humana recibe el nombre de persona y esa persona va adornada con una serie de atributos que le permiten convivir con los demás, y todo aquel que no es capaz de acabar con sus humos insolentes y no ha sentido el peso del infortunio que obliga a doblar la cabeza abrumado por el dolor, va perdiendo poco a poco lo mejor que adorna al ser humano para convertirse en un simple animal sin sentimientos, llevándolo al error de mudar la afrenta a las casas donde vive la honradez, como el águila en su nido.
Y como la verdad siempre resplandece muy por encima de lo falso y ruin, espero la invitación esta tarde sabatina, para que junto a la trigueña, la morena o la rubia, celebremos el fracaso de los intrigantes y mediocres. Así sea. ¡Sí señor!.-
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